El Independiente de Cádiz: El último periódico de Occidente


La vieja colchonería de Sagasta 21 luce triste, oscura y vacía. Allí, en la céntrica arteria gaditana -que nace en el folklore obrero de La Viña y muere en terrenos de la decadente burguesía gaditana-, fue donde hace tres años treinta locos, treinta quijotes, treinta valientes intentaron hacer periodismo. Periodismo independiente, sin referéndum previo. Precisamente allí, en Sagasta 21, a día de hoy un rótulo, pintado con intención de perpetuarse, reza burlonamente ‘2013’, el año que El Independiente de Cádiz completó su ciclo vital. Allí sigue, por respeto, por olvido o por desidia, bajo el rótulo numérico, un cartel publicitario en vivos colores de esta efímera y bendita locura impresa en el que puede leerse: “¿La realidad? Que me la pregunten a mí”. Precisamente eso hice yo, dar respuesta a esa cuestión, que me miraba con pena y curiosidad cada vez que pasaba por la puerta de la antigua tienda de colchones. Quise conocer la realidad de El Independiente de Cádiz, y para ello, ¿qué mejor que preguntarle a sus protagonistas?

 

“El último periódico de Occidente”

Este era el eslogan que utilizaban entre ellos, ‘los independientes’, para referirse al diario: “el último periódico de Occidente”. El 3 de abril de 2013 salía a la venta el primer ejemplar de El Independiente de Cádiz, a un precio de 0.80 céntimos y con una tirada de 7.500 ejemplares distribuidos por la capital, La Bahía y La Janda (El Diario de Cádiz tiene una tirada de 17.000 ejemplares, La Voz aproximadamente de 6.000). El editorial del primer número se iniciaba con una frase premonitoria, que hubiera servido igualmente para justificar el último número: “Como no sabíamos que era imposible, lo hicimos”. La transgresora portada, muy visual y a todo color, abría el 3 de abril con una gran foto de Miguelón en su silla de ruedas agarrando con un brazo mecánico una botella de refresco. El reportaje de este paralítico isleño, ejemplo de superación, fue realizado por la corresponsal en San Fernando Vanessa Perondi, que cuenta que tras tanto trabajo, tensión y emociones acumuladas antes de dar a luz este utópico proyecto, se le saltaban las lágrimas a ella y a su compañera, mientras corregían y revisaban dicho texto periodístico: “Los sentimientos estaban a flor de piel” confiesa. Para Francisco Romero, corresponsaL en El Puerto, vivían montados en “una montaña rusa sentimental”.

Portada del nº1
Portada del nº1

Los afectados por el ERE masivo en el Grupo Joly en general, y en el Diario de Cádiz en concreto, formaron el germen de este nuevo diario gaditano. A ellos se sumaron profesionales que se encontraban en situación de desempleo, veteranos y noveles. Llegaron a contar con una plantilla de primer nivel, con hasta treinta efectivos y corresponsales en las principales poblaciones de La Bahía de Cádiz y La Janda. José Vilches, encargado del área de Deportes, estuvo desde el minuto 1 en el proyecto, él era de los despedidos del Diario. David de la Cruz, redactor en el área de Local, tenía una estrecha relación con los excomponentes del decano de la prensa gaditana que le invitaron a sumarse a la aventura, Vanessa Perondi tras un largo periodo laborando en el sindicato UGT se encontraba parada y se subió al barco sin pensarlo, y Francisco Romero, recién salido de la Universidad no lo pensó dos veces para venirse de Jerez cuando su excompañero Jimmy le habló del nuevo proyecto.

Pese a los malos tiempos que corrían para el oficio y la decadencia del papel, se optó remando contra viento y marea por un periódico impreso. “El contexto era complicadísimo” relata David de la Cruz. “Se creía en el papel” afirma Vanessa Perondi. Se logró una gaceta impresa en papel de buena calidad, con un destacado y llamativo grafismo, novedosa maquetación y relevancia de lo visual: “Alegre y expresivo como Cádiz” afirmaba un redactor en un artículo explicativo. Con 48 páginas a todo color, y más de 60 los domingos, con un formato similar al de la revista o magazine. “La valentía de un periódico es inversamente proporcional al número de lectores”, esta sentencia podía leerse en el primer número a la hora de explicar la apuesta transgresora en el formato.

Desde sus inicios defendieron un periodismo comprometido con el ciudadano, honesto, independiente, riguroso, y que buscase las historias en la calle. Recurriendo con asiduidad al reporterismo y a las entrevistas. El objetivo principal era el de “volver a conectar con la gente: alejada y desconfiada de las instituciones, los partidos políticos y los medios de comunicación”. Se guiaban por una agenda propia: un banco temático elaborado por ellos mismos. No bailaban al ritmo que marcaba el poder; algo inusual y muy meritorio en los tiempos que corren. “Tan gratificante como cansino” comenta David de la Cruz. Una ardua labor que se elabora “estando en la calle, conociendo a mucha gente, dando a cada rato un telefonazo”, explica Francisco Romero. Toda esta labor propia se encuadraba en las 12 primeras páginas en una sección denominada ‘Reporteros’ donde se abordaba la actualidad local y provincial. La información autonómica, nacional e internacional no se basaba en un copia y pega de lo que mandaban las agencias, se trataba de “hacer un relato interpretativo y ofrecer las claves al lector”.

El medio se conformó como una sociedad limitada que era propiedad de todos los trabajadores (accionistas). Partía con un capital total de 115.000 euros, que suponía el aporte de 6.000 euros per cápita –los que pudieron-; otros como Vanessa Perondi tuvieron que capitalizar su prestación por desempleo, es decir, renunciar a esta cuantía para aportarlo a la sociedad como accionista. Respecto al organigrama, El Independiente siguió una estructura horizontal en la que no había cargos directivos y todos los trabajadores cobraban lo mismo, “o sea, nada”, afirma con rotundidad José Vilches. “Si acaso 120 euros un mes y 90 el otro”, confiesa David de la Cruz. Pese a la igualdad de condiciones laborales, el equipo nombró a un consejo de redacción rotativo para imponer cierto orden dentro del caos, para que se encargaran de la labor de coordinación. Preguntados por un posible dominio de la anarquía en la redacción al no haber cargos superiores, todos los periodistas coinciden en el oxímoron de que “era un caos ordenado, una anarquía organizada”. Vanessa Perondi sintetiza en una frase lo que significaba la horizontalidad: “cargarte de toda la responsabilidad, porque todo era de todos”.

En condiciones más que precarias; con una redacción improvisada, sentados en sillas de playa, con sus propios ordenadores y sin un baño, “teníamos que ir a hacer nuestras necesidades al bar de enfrente”, confiesa David de la Cruz. Con jornadas maratonianas de más de 14 horas y sin un día de descanso, así estuvieron estos profesionales durante los tres meses que duró esta aventura, sin contar los 4 o 5 meses de trabajo previo, de gestación de El Independiente. “Más que tres meses fueron tres años” comenta Francisco Romero. Sin paredes ni intimidad, se exponían los temas en voz alta y se apuntaban en una pizarra donde se debatían en común. “Aprovechaba los quince minutos que tardaba el autobús de mi casa a la redacción para echar una cabezada”, cuenta entre risas y nostalgia David de la Cruz. Por su parte José Vilches aprovechaba sus escasos ratos libres para ir en busca de anuncios comerciales. Vanessa, al ser corresponsal en San Fernando vivió más alejada la ebullición redaccional, pero confiesa que por empatía y compromiso siempre que podía acudía al cierre de la redacción.

 

De la ilusión inicial a la cruda realidad

“Entramos como toros a la plaza y salimos como toreros corneados”, así, con este símil taurino es como define José Vilches la experiencia vivida.

Recién estrenada la madrugada del 3 de abril de 2013, en su base de operaciones, que era el bar ‘La Perdiz’, frente a la redacción, celebraban estos valientes profesionales emocionados y con alborozo el cierre del planillo, lo que suponía que ya tenían listo el primer número de El Independiente de Cádiz. Apenas un mes después, una reunión a medianoche trajo la cruda realidad a la redacción: caras largas, tristeza. Las ventas iban fatal y no entraba la necesaria publicidad. Con trabajo arduo, sobrellevaron como pudieron la situación, sostuvieron heroicamente la publicación con el sudor de su frente. Algunos de los compañeros, como Vanessa Perondi, que estaban asalariados, se vieron obligados a abandonar el proyecto en contra de su voluntad, ya que tenían que vivir de algo, y su prestación por desempleo iba a las arcas del diario. Al no encontrar alternativas para una posible viabilidad económica, se decidió poner el punto y final a la aventura de El Independiente de Cádiz el 13 de julio de 2013 con la publicación de un número especial. “Fue un dolor placentero, un alivio triste”, relata más de uno.

Redacción de El Independiente
Redacción de El Independiente

Los periodistas de El Independiente reconocen que hubo fallos “a nivel periodístico, empresarial y comercial”. Para Francisco Romero pecaron “de novatos”. “Tuvimos buena acogida por la ciudadanía, pero no se vendía”, comenta David de la Cruz. Irónicamente José Vilches dice que podrían “ir por ahí dando conferencias de cómo no montar un periódico”. Reprochan y tachan de “sangrante” y “sinsentido” la actitud del por aquel entonces presidente de la Asociación de la Prensa de Cádiz para con el periódico: “no se dignó a visitarnos, ni a tendernos su mano; más bien todo lo contrario”.

“Queríamos creer”, me repiten todos los redactores preguntados. Se probaron, se tantearon distintas opciones para el mantenimiento del proyecto: Buscaron ayudas institucionales que no encontraron. Hay constancia de sus propuestas de reflote en su muro de Facebook donde invitaban a los lectores a suscribirse por una módica cantidad mensual al periódico de Sagasta. También dieron a conocer estas propuestas en su blog ‘Todoestáporcontar’, el mismo donde relataban la puesta en marcha del diario. Se pensó en seguir con un digital más un semanario impreso, pero tampoco se materializó.

La luz al final del túnel pareció llegar con la aparición de un empresario sevillano –con mil pleitos pendientes-, Castrejón Barco, envuelto en un halo de esperanza y misterio. Ofreció comprar el diario –en quiebra- y hacerse cargo de las nóminas de los trabajadores, incluso se habló (en su página de Facebook puede comprobarse) de una expansión del proyecto a nivel regional. Se descubrió el fiasco a falta únicamente de estampar la firma, cuando la operación se deshizo porque no llegó una transferencia inicial por parte del empresario sevillano. Castrejón Barco desapareció sin dar explicaciones ni dejar rastro alguno. Al tiempo se vio que los utilizó para una estrategia empresarial cuyo objetivo era hacerse con El Correo de Andalucía.

 

El dominical premiado

Como ya se ha mencionado con anterioridad, la edición del domingo era distinta a la ordinaria, publicada de lunes a sábado. Seguía un estilo más cercano al magazine, con predominio de originales reportajes y entrevistas, y gráficamente muy potente. Recuerdo leer reportajes magníficos como en el que se adentraban en las cuevas de San Cristóbal o en el que retrataba la vida del último habitante del poblado pesquero de Sancti Petri. Costaba 1,20 euros, ya que incluía más páginas que de costumbre y el papel era de mejor calidad. En palabras de José Vilches este dominical era “para comérselo”. David de la Cruz no escatima en elogios: “brutal, escandaloso”.

Merecidamente, “aunque tarde” según los distintos redactores, El Independiente recibió el Premio Andalucía de Periodismo –en el apartado de prensa escrita- en noviembre de 2014 y de manos de la Junta de Andalucía por la elaboración del dominical. Para Vanessa Perondi fue “un premio gratificante”, para José Vilches “simbólico”, a Francisco Romero le produjo una sensación agridulce: “A estas altura para qué…” se dijo.

 

“Un máster de Periodismo”

Pese a tanto nadar para morir en la orilla, los redactores sacan conclusiones positivas de esta osada etapa. David de la Cruz resume su experiencia diciendo que “fue un máster de Periodismo. Una etapa de intenso aprendizaje”. Francisco Romero lo corrobora: “aprendí más en esos tres meses que en toda la carrera. No cambio esta experiencia por nada”. Para Vanessa Perondi supuso “la vuelta al reporterismo por la puerta grande”. José Vilches defiende a capa y espada la labor que llevaron a cabo, aunque no se ve de nuevo embarcado en un proyecto similar.

Tanto Vanessa Perondi como José Vilches y David de la Cruz forman parte hoy en día de la redacción del periódico digital Cádiz Directo, que curiosamente se fraguó unos días después del cierre de El Independiente. Por su parte Francisco Romero, junto a Jorge Miró –otro ex de El Independiente- y otros profesionales se embarcaron en la aventura de crear otro nuevo medio, esta vez un digital “con un enfoque contrario a El Independiente”, La Voz del Sur.

Otros de sus compañeros de El Independiente han encontrado acomodo en otros medios de comunicación. Llamativo es el caso de José Luis Porquicho que tras pasar por Cádiz Directo, dirige actualmente el gabinete de prensa del Ayuntamiento de Cádiz. Los hay quienes han emprendido por su cuenta, es el caso de Jorge Garret, a quién me definen como “el gran ideólogo de El Independiente”. Los hay también quienes por desgracia siguen engrosando la listas del INEM.

Poco queda ya de ese Independiente, del que su web y su blog con todos sus artículos fueron eliminados de la red, fulminados como los libros que eran quemados en la novela Farenheit 451, como un pasado que no quisiera recordarse. Poco queda, muy poco… poco más que aquel abandonado rótulo en Sagasta 21 que recuerda un año, el año, ‘2013’. Un rótulo que fue precisamente el que me movió para realizar este reportaje. Y es que de los cobardes nunca se ha escrito nada, y como me dijo José Vilches: “mira por donde, mucho tiempo después, aún hay quién quiere escribir de ti”.

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3 comentarios en “El Independiente de Cádiz: El último periódico de Occidente

  1. Mi experiencia en El Independiente tan solo duró un mes, pero fue tan intenso como gratificante. Las personas que trabajaron allí me transmitieron unas ganas y pasión por la profesión que nunca había visto y no sé si volveré a ver.

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