El legado que Costus ha dejado en Cádiz


La formación de Costus ha sido uno de los grandes proyectos en la renovación del arte contemporáneo español. En Cádiz, la ciudad que vio nacer a estos dos pintores artísticamente, contamos con el honor de tener una colección completa. En el Espacio de Creación Contemporánea (ECCO) de Cádiz tenemos de forma permanente la colección ‘El Valle de los Caídos’. Aún estando tan cerca, pocos conocen la obra de estos dos artistas tan importantes en el panorama pictórico nacional, y menos el proceso de creación de esta gran colección, que forma parte del trabajo que hicieron de manera conjunta Enrique Naya y Juan Carrero. Y es que Costus, no solo contribuyó a renovar una época que acababa de salir de una dictadura, también la dejaron retratada, como podemos ver paseando por este gran valle.

Si paseamos por ‘El Valle de los Caídos’ podemos ver no solo un homenaje satírico a la exaltación del gran monumento del franquismo, sino un símbolo que Costus logra llevar a su terreno y que, con la particular mirada que ellos daban a todo, nos recuerda ese pasado del que ya no podemos renegar, pero sí mejorar.

La cercanía de la obra y la actualidad de la colección ha hecho que estas obras se conviertan en un legado que los gaditanos no debemos pasar por alto, de ahí que hayamos querido hacer un recorrido por ella y acercarla a todo el público.

Una mirada a ‘El Valle de los Caídos’

Costus fue la combinación perfecta entre lo contemporáneo y lo clásico. Un clasicismo que conocieron en la Escuela de Artes y Oficios de Cádiz, donde ambos estudiaron. Sus obras beben del barroco, algo que puede apreciarse observando de cerca las composiciones. Pero también amaban las vanguardias, el expresionismo y el pop-art, que se hacen presentes en el colorido y las ambientaciones.

De todas formas, estos pintores no veían en Cádiz el mejor lugar para dedicarse a la pintura, y se fueron a la capital a estudiar la especialidad. Allí se encontraron un ambiente muy especial, conocieron un mundo que la pequeña ciudad de Cádiz no les permitía. Se hicieron amigos de personajes como Tino Casal o Fabio Mcnamara, y acabaron formando parte de lo que conocemos como la Movida Madrileña. En Madrid consiguieron dedicarse por completo a la pintura. Su famoso piso de la calle de La Palma se convirtió en el centro cultural de la movida madrileña, allí se reunían a trabajar todos.

En Madrid, nacería ‘El Valle de los Caídos’, un proyecto que duró más de seis años y que no solo sirve para reflejar una época difícil para España, Costus consigue llevar esa monumentalidad, ese símbolo del franquismo, al espectador de los años 80 con el espíritu de la movida madrileña.

Realizada desde 1980 hasta 1987, a caballo entre Madrid y El Puerto de Santa María, la colección se compone de 25 obras de grandes dimensiones, aunque en el ECCO no las encontramos todas, debido a que algunas fueron vendidas. Para realizarlas utilizaron pintura acrílica fluorescente para los fondos, con la idea de que fueran vistas en un interior oscuro y poca luz, tal y como las encontramos en el ECCO. El cuidado es muy importante en esta colección, ya que las obras son muy vulnerables a las condiciones ambientales debido al tipo de pintura utilizada.

La intención de Costus era realizar su propia visión de este monumento (Naya era un apasionado de la arquitectura y la pintura clásica), eliminando su significado político para transformarlo en algo puramente artístico. Así, en esta colección podemos encontrar reunidos los estudios de arte y las influencias más clásicas de estos dos artistas que les sirvieron de inspiración para crear su propio valle.

El cuadro de San Juan, fue el primero que pintaron y así queda registrado: ”El Valle de los Caídos 1. Ante notario con la Fany (Fabio Mcnamara) por testiga”.  Este primer cuadro no tiene pintura fluorescente. El fluorescente lo utilizaron por primera vez en el cuadro de San Mateo, les gustó tanto que a partir de ahí lo utilizaron en toda la colección.

De modelos usaron a sus amigos, los de la movida. Entre los que encontramos a Alaska, Bibi Andersen, Tino Casal y muchos otros. Estos se convierten en personajes sagrados. Es interesante, resaltar, el realismo con el que Naya retrató a estos modelos que mantienen la apariencia estética de los 80. Como si fueran vírgenes y ángeles, estos figurantes asumen con toda dignidad el personaje que encarnan sin convertirlo en algo frívolo. Esto también permite al espectador no reaccionar de manera pasiva ante lo que está observando ya que son personas conocidas para él, pertenecientes al mundo real, a su tiempo. Así, consiguen que la mirada del espectador se convierta en una mirada directa, con un realismo que logra atrapar al observador sumergiéndolo poco a poco en las habitaciones oscuras que ocupa la exposición en el ECCO.

Cada una de sus pinturas corresponden con las esculturas que podemos encontrar en el verdadero Valle de los Caídos, encontramos todas las vírgenes y los arcángeles. Aunque añadieron una más, la del caudillo, representado por Tino Casal portando una bandera roja que ondea al igual que su pelo del mismo color.

Las analogías con la tradición clásica son evidentes solo con observar un poco las obras. Pero aun así, se reinventan con una fuerza brutal, muy contemporánea para su época, y para la actual. En esta colección podemos ver una evolución pictórica que luego se ve de manera más clara en ’La Serie Andaluza’. Las composiciones que podemos encontrar en la colección de ‘El Valle de los Caídos’ son barrocas y hay hasta algunas pinceladas que recuerdan a la escuela sevillana, a Murillo o Velázquez.

Ese gusto por lo clásico también se reflejó en la forma de trabajar de Costus. Un sistema parecido al de los talleres artísticos renacentistas en el que Naya era el encargado del dibujo y los personajes mientras Carrero se encargaba de los fondos, esa mágica atmósfera que rodea a los personajes. Con este método consiguieron crear una colección muy atrevida y de enorme belleza. Aunque en su última etapa decidieron cambiar, y en ‘La Serie Andaluza’ Juan pasa a realizar los dibujos y Enrique a pintar los fondos. Son dos estilos muy diferenciados que encajan muy bien entre sí.

Asimismo, toda la tradición iconografía recogida durante siglos para mostrar a la madre de Dios la podemos encontrar en ‘El Valle de los Caídos’. Bonita es la historia de esas tres Patrias/Piedad que se hicieron para la colección. La primera patria se mostró en la exposición ANDANA: Pintores Andaluces que viven fuera de Andalucía, en Jerez, que luego pasó por Sevilla y terminó en Madrid. Los modelos de la primera Patria/Piedad son Miguel Ordóñez y Alaska, que va vestida con medias color fucsia y con cresta. En cambio, el cristo está coloreado en blanco y negro, escena muy parecida a una piedad. Fernando Vijande se quedó con la obra. Así, durante su estancia en México pintaron otra patria, con el fondo de colores rojos y amarillos, pero también fue comprada, por lo que se quedó allí. En la tercera patria, en la que volvemos a ver a Alaska como modelo, vemos una evolución, las pinceladas fuertes y punzantes de Juan van haciéndose más suaves y redondeadas.

Costus muestra que no puede enterrarse el pasado, pero que sí podemos colorearlo y cambiarlo. En estas obras se puede apreciar el deseo de innovación que ya impulsaron en aquel piso de la calle de La Palma, centro neurálgico de la movida madrileña. Estas 25 obras, además, son el resultado de la colaboración de otros creadores que contribuyeron a renovar España en los 80. Incluso mucha de la vestimenta de los modelos fue expresamente creada por un diseñador, Miguel Piña, amigo de la pareja. También contaron con la ayuda del fotógrafo Pablo Pérez Mínguez, que colaboró en el estudio de las composiciones de las obras. Esta colección podría representar nuestro Valle de los Caídos particular de la movida madrileña.

A través de la ironía y la sátira ofrecen su preciada visión de la España de la época, por eso vemos los arcángeles con pantalones de cuero, a San Gabriel en una anunciación en la que encontramos al santo con los pantalones desabrochados y las alas con forma de aparato reproductor femenino, una Justicia con poca cara de amigos, San Marcos convertido en un perro, y unos arcángeles con calzoncillos slip y calcetines altos blancos.

Pero que nadie se confunda, esto no es frivolidad, aquí no se habla de franquismo sino de pintura y composición.

Es extraño incluso cómo paseando por las obras reconocemos perfectamente a los personajes que podemos ver en los cuadros, pero cuesta todavía hacer un hueco en la memoria colectiva a estos pintores. Sus obras son además un documento de la época que por suerte tenemos los gaditanos.

Todavía hoy, el trabajo de estos artistas rezuma modernidad, con sus buenos años. Buenos porque se mantienen muy bien. El valle de los caídos se mantiene fresco, inamovible. Una mezcla de pop-art, kitsch, expresionismo e hiperrealismo que fue un desafío en años en los que pocos se atrevían a reivindicar ciertos estilos de vida y a reírse de ciertas conductas.

 

Imagen de cabecera tomada de la web del ECCO.

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