Para jugar al quidditch no hace falta volar


Nacer con la configuración genética ya establecida. Agarrarse a la magia de la creación como parte de un nuevo proyecto. Es lo que ya han hecho los dos primeros equipos de quidditch -sí, el deporte que se jugaba en Harry Potter– de la provincia de Cádiz. Hace dos semanas, el 3 de febrero de 2016, daba sus primeros pasos el Grindylow Cádiz Q.T. en Chiclana de la Frontera. Seguía la senda que ya había marcado un año atrás el Club Jerez Quidditch. Pero, ¿cómo han conseguido quitar la magia con la que J.K.Rowling impregnó a este deporte en la famosa saga de Harry Potter y hacerlo humano, terrenal, o como se denominaba al mundo de las personas sin capacidades mágicas en la ficción, muggle?

Harry Potter en un partido de Quidditch, en una imagen promocional de la saga de películas del mago
Harry Potter en un partido de Quidditch, en una imagen promocional de la saga de películas del mago

La transformación no ha sido fácil. Desde que dos estudiantes de la Universidad estadounidense de Middlebury, en Vermont, comenzaran a practicar este deporte en el 2005, el reglamento oficial ya ha pasado por nueve versiones. El único escollo insalvable que se encontraron fue el hecho de no poder volar. El futuro dirá. Por ahora, la tradición se ha impuesto y los jugadores tienen que llevar entre las piernas un palo de escoba o de PVC y jugar con los pies anclados a la tierra, al césped; porque el quidditch se juega en césped, en un campo de 55 metros de largo y 33 de ancho (aunque el área de juego es más amplia).

El objetivo del quidditch es ganar a los puntos. Tres aros funcionan como porterías. Cada vez que un equipo los atraviesa con la quaffle (una pelota de voleibol) suma 10 puntos. Pero no es la única forma de sumar. Como en las novelas y películas de Harry Potter, durante el encuentro se pone en juego una pequeña pelota de tenis: la snitch dorada. En la saga, es una pelota voladora; en la vida real, un atleta neutral la lleva pegada a la cintura mientras corre para evitar que los buscadores de cada equipo le arrebaten la pelota y puedan así sumar 30 puntos para su equipo.

Incluido el buscador, cada equipo cuenta en el campo con siete jugadores. Y al igual que en la saga mágica de J.K.Rowling, los jugadores tienen asignada una posición: un guardián, dos golpeadores y tres cazadores. El guardián se encarga de defender los aros (una especie de guardameta), los golpeadores intentan evitar que el juego fluya en el equipo contrario derribando, mediante las bludgers (unas pelotas de dodgeball), a los cazadores, que tienen la misión de pasar la quaffle a través de los aros y sumar puntos para su equipo. Para resumir, el buscador recorre el campo para atrapar la pelota de tenis que lleva colgada el atleta neutral, los guardianes y cazadores son los únicos que pueden tocar la quaffle para defender y/o meter puntos para sus equipos y los golpeadores se encargan de manejar las bludgers para entorpecer el juego rival a base de pelotazo limpio.

Francisco se apasionó de inmediato cuando comenzó a ver partidos de quidditch reales. Encantado con la forma de jugar, pensó que no estaría demás contar con un equipo propio en su localidad, Chiclana de la Frontera. A principios de 2016 comenzó a prepararlo. Varios amigos del instituto en el que estudía el Bachillerato Tecnológico se apuntaron. Ya son más de 15. “Muchos llegaron cuando creamos la página de Facebook, preguntaron y también se han sumado”. Si un equipo en quidditch puede contar con hasta 21 jugadores, no parece que haga falta mucho esfuerzo para cerrar el plantel.

La constitución del Grindylow Cádiz Q.T. se hizo efectiva el día 3 de febrero. Fecha de la creación de su página oficial en esta red social. Desde entonces, los miembros del equipo ya han tenido las primeras reuniones, en las que tuvieron que dar forma al escudo o invertir algo de capital para poder tener las herramientas necesarias para entrenar. Entrenamientos que comenzaron el domingo 14 de febrero en el parque situado junto a la plaza Víctimas del Terrorismo, al lado de La Box, en Chiclana de la Frontera.

Aunque en el equipo actualmente la edad de los atletas oscile entre los 16 y los 19 años, Francisco asegura que el equipo está abierto a personas de cualquier edad “siempre que les guste jugar”. Sobre el tema de la edad, el Grindylow Cádiz Q.T. ya tiene su propio récord. Francisco, además de ser el impulsor, tiene el estatus de capitán. Y según los registros, es el capitán más joven de los conjuntos que existen en el territorio nacional, con solo 17 años.

De los últimos equipos que se han creado, el Grindylow Cádiz continúa el camino del conjunto pionero en la provincia, el Club Jerez Quidditch, más conocido como Los Cartujanos. Se creó hace más de un año y ya han disputado junto a equipos de Málaga y Granada la copa de Andalucía del 2015.

En estos momentos, hay alrededor de 20 equipos ya constituidos y que juegan en campeonatos oficiales en España, y unos cinco más que se encuentran en formación, como el Grindylow. En Andalucía destaca el Malaka Vikings Quidditch Team, de Málaga, que se alzó el pasado 7 de febrero con el tercer puesto en el primer campeonato de España en la localidad de Rivas Vaciamadrid. Un torneo del que resultó vencedor el madrileño, Madrid Wolves, y al que no acuden los equipos de Cataluña, al contar con su propia copa nacional.

Además, a lo largo de la geografía se suceden campeonatos regionales. Andalucía, Madrid, País Vasco o Galicia acogen ligas y copas en las que los equipos se pueden ir probando para el campeonato de España, donde los mejores lugares se garantizan estar en el campeonato de Europa. Del buen hacer en estas competiciones depende también la llamada a la selección nacional, que tiene ya su puesto garantizado para el Mundial de Frankfurt en el mes de julio.

En apenas unos años la organización mundial del quidditch, la denominada International Quidditch Association, ya recoge bajo su paraguas a 18 asociaciones nacionales. Un crecimiento sorprendente que Francisco espera que su equipo también tenga. “Por ahora, nuestro objetivo es entrenar y seguir formándonos y poder jugar de vez en cuando con el Club Jerez Quidditch para ir cogiendo rodaje”.

¿Hace falta ser fan de Harry Potter para jugar al quidditch? Francisco asegura que no, que en el equipo “hay gente que sí les gusta, pero hay muchos otros que no son seguidores de la saga y que han visto un partido de quidditch y les ha gustado”.

El quidditch se ha creado en base a la tolerancia de la diversidad sexual. No solo es un deporte en el que niños y niñas, chicos y chicas, hombres y mujeres, juegan juntos, sino que el reglamento establece que un equipo no puede tener en el campo más de cuatro personas del mismo sexo, sin contar con el buscador. Además, las reglas permiten que cada persona se asigne su propio sexo fomentando la inclusión de colectivos LGTB en el deporte.

Queda por saber si la evolución del quidditch dentro de unos años acercará a este deporte aún más a la ficción. El futuro marca el curso. Las innovaciones tecnológicas tendrán la indiscutible función de sumarse al quidditch y quién sabe, hacer volar esos palos de escoba o PVC que van entre las piernas o sustituir al atleta neutral que lleva la snitch dorada, por una de verdad, que vuele y que viaje sola por el aire. Por ahora, mientras da sus primeros pasos, el quidditch ha conseguido su lugar en la provincia de Cádiz. ¿Habrá llegado para quedarse? Qué hable la magia.

Fotografía de cabecera del primer entrenamiento del Grindylow Cádiz Q.T. en Chiclana de la Frontera

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