Miguel Ángel García Argüez: “‘Los Gallitos’ es una cosa puntual. No es mi manera habitual de escribir”


Miguel Ángel García Argüez (La Línea de la Concepción, 1969) es profesor universitario, escritor y músico. En su faceta literaria ha publicado libros de poesía, teatro, novela y ensayo, labor que compagina con la dirección de varios grupos y talleres de escritura. Además, es autor de comparsa. En los últimos años ha presentado, junto a Nene Cheza, agrupaciones como ‘Los Gallitos’, ‘Si no existiera el dinero’, ‘Las Cigarras’ o más recientemente ‘Los Borregos’. Este año asume la autoría del nuevo proyecto liderado por Ángel Subiela, ‘Los Doce’.

Llega al concurso como autor de la comparsa ‘Los Doce’, que debutó el pasado día 19 ¿Cuáles fueron las primeras sensaciones?

Vi a la comparsa muy bien, la verdad. La pena es la hora a la que nos tocó cantar, que hace difícil conectar con el público, pero para un primer pase creo que hemos sacado suficientes credenciales para estar en la pelea. Para mí, además, que me he incorporado tarde a una comparsa que ya estaba en marcha, y a la que tampoco he podido asistir a todos los ensayos pues ha sido casi un estreno también. Yo había visto piezas sueltas, pero no cómo todo cuadraba con escenografía, tipo, etc.

¿Cómo llega a ser autor de la comparsa?

Yo había decidido descansar después de ‘Los Borregos’. Es algo que ya llevaba tiempo pensando. Echaba de menos escuchar el concurso como aficionado, y en un año en el que venían todos los grandes y volvía Antonio [Martínez Ares] era ideal. Además, con ‘Los Borregos’, independientemente de cómo quedó en la clasificación, pasaron cosas raras durante el carnaval, Nene decidió echar al grupo y yo que no estoy muy acostumbrado a ese tipo de cosas hicieron que se me quitasen un poco las ganas.

Una noche recibo, a través de un amigo, la propuesta de Ángel. Francamente, cuando me lo planteo fui un poco reacio. Le dije que no incluso. Básicamente porque yo estaba descansando y no sabía si lo que me apetecía era entrar en un proyecto que no era mío en el papel casi de letrista de encargo. Es verdad que era interesante, con el regreso del Noly, gente de la comparsa de Córdoba, por la que siempre he tenido admiración, con el Carli o el propio Ángel. Era un dreamteam. Cuando fui al ensayo me encantó el ambiente que había. Vi que no era una comparsa normal y al final me sedujo.

Llega a una comparsa ya formada y con una idea diseñada en la que, además, comparte autoría con José Manuel Aranda ¿Cuál es su papel en la confección del repertorio?

Cuando yo llego la comparsa está sin autor de pasodobles. Jose, que ha sido un gran descubrimiento, había asumido la responsabilidad de hacer el popurrí y la presentación. Entonces, mi función era escribir pasodobles y cuplés. Excepto el de medida que se cantó en preliminares, que era un homenaje del grupo al Noly, el resto de letras son de mi autoría. Aun así, Jose me ofreció generosamente que cambiara o propusiera lo que estimara oportuno en el popurrí. Pero lo que ha hecho es estupendo y creo que cambiar cosas que ya estaban montadas no procedía.

¿Cómo es ponerle letra a una música del Noly?

Pues muy complicado, la verdad. Al menos para mí. La mayoría de músicas que yo he hecho han sido de Nene, y tenían una estructura en la que yo me movía muy bien: versos largos en los que se puede desarrollar mucho más. Esta es una música muy cortita, con versos cortos y con muchos monosílabos. He tenido que cambiar mi manera de plantear las cosas. No el fondo, que es el mismo, pero sí la forma.

¿Se nota la presión a la hora de escribir a un grupo como este?

Yo no lo he notado. A la hora de seguir el concurso no es muy diferente a cuando estaba con Nene. La competición es dura y uno tiene mucha presión, pero ésta no la pone ni el director ni los componentes, la pone el público. Una presión, además, creo que excesiva para las agrupaciones de élite.

¿Cómo es trabajar junto a un director como Ángel Subiela?

A mí el mito ese que tiene Ángel de que presiona a sus autores hasta que hacen las cosas como él quiere se me ha derrumbado cuando lo he conocido. Yo he encontrado a Ángel, que es un tipo mucho más interesante que Subiela. Me parece una persona lista, con mucha experiencia, y que evidentemente me ha sugerido ideas, porque es una persona creativa, pero las que me han parecido interesante las he hecho y las que no, no. Es un director con las mismas dudas que cualquier otro, que comenta las cosas con el grupo cuando no las tiene claras.

¿Qué impresión tiene de la modalidad de comparsa en lo que llevamos de concurso?

Lo que más me ha llamado la atención en este concurso, y creo que es algo que debemos pensar todos los autores, es el altísimo nivel de exigencia del público. Me parece que no se está siendo justo con la modalidad. La gente le está pidiendo a cada agrupación que traiga un pelotazo, pero parece que todo sabe a poco. Como aficionado creo que el nivel está siendo altísimo. Cualquiera de las ocho o nueve comparsas tiene suficiente calidad para competir por el primer tiempo cualquier otro año, y sin embargo aquí estamos viendo quién se queda fuera de semifinales.

En cuanto a exigencia posiblemente el autor que la ha tenido más alta ha sido Antonio Martínez Ares ¿Cómo ha visto su regreso?

El regreso de Antonio hay que celebrarlo por todo lo alto. Él ha hecho un triple salto mortal, algo muy suyo, por otro lado. Antonio podía haber jugado a meterse al público en el bolsillo, podía haber hecho una comparsita que a todo el mundo gusta porque el público ya estaba con él. Pero ha hecho un salto mortal porque Antonio siempre está en la vanguardia de la valentía y del riesgo. Aun así, estamos hablando de preliminares. Ahora es cuando empieza el concurso. A mí, por ejemplo, el popurrí me parece un bastinazo. Poco carnavalesco, eso sí, porque creo que está más cerca de su mundo de la canción de autor que de los referentes de las claves de carnaval. Pero él ha optado valientemente por eso a mí, personalmente, me parece una delicia tanto en música como en letra.

 

Lo que más me ha llamado la atención del concurso es el altísimo nivel de exigencia del público. Creo que no se está siendo justo con la modalidad.

 

Uno de los temas más repetidos este concurso es la crítica al Patronato ¿Qué opinión tiene al respecto?

Estoy absolutamente en contra de la fórmula del Patronato. De manera radical. Hace mucho tiempo que se tenía que haber cuestionado esta figura, y si no se ha hecho es porque las circunstancias políticas que había lo blindaban y porque no había una conciencia general entre los autores. Las opciones básicas en este punto son dos: o el carnaval lo organiza el Ayuntamiento o se crea un organismo en el que los autores sean autogestionadores del concurso. Yo soy partidario de la segunda más que de la primera. De todas formas, el Patronato en su origen se crea para esto, pero como ha ocurrido con el espíritu de la Transición Española, ha llegado un momento en el que ya no representa a estos nuevos tiempos.

Un grupo de autores está protestando de manera activa contra la actual gestión. ¿Comparte sus reivindicaciones?

Estoy básicamente de acuerdo en todo lo que dice el documento que presentan. No formo parte de él porque en el momento en el que se gesta yo no figuraba como autor, y luego tampoco se han puesto en contacto conmigo, aunque es verdad que yo también podría haber llamado. Aun así, no creo que esta sea la forma más adecuada de hacer las cosas. Es la más ruidosa mediáticamente, pero si hay que construir un nuevo modelo de patronato más democrático y más representativo tenemos que hacerlo desde las bases, y no desde una élite. Creo que los componentes deberían estar igual de representados que los autores. En ese documento se han quedado fuera cosas que claman al cielo, por ejemplo, como el punto de las bases que impide a las agrupaciones participar en otros concursos. Son cosas que, como no afectan a las élites, parece que no se tienen en cuenta. Creo están pasando cosas graves y parece que todo queda en un juego de símbolos, de pose ante las cámaras. Si de verdad queremos un foro de autogestión del carnaval que supere al patronato, estos polvos no van a traer unos lodos interesantes. Eso sí, obviamente estoy mucho antes con los compañeros que con el Patronato.

Este año se habla mucho de la profesionalización del carnaval, de explotarlo como industria ¿Es la solución?

Yo voy a usar otra palabra en vez de profesionalización. Dejando a un lado a los artesanos y centrándonos en la copla, históricamente las agrupaciones de carnaval han estado formadas por gente que hace esto por pasión, no por dinero. Luego hay una pequeña élite que ve que esto se puede convertir en una herramienta laboral. Y eso me parece maravilloso, pero plantea una serie de problemas. Se está investigando un camino por el que el carnaval puede convertirse en una solución laboral para mucha gente, pero lo que me preocupa de esto es cómo puede repercutir en el concurso y en las coplas. Me pregunto hasta qué punto esta fórmula en la que la agrupación de carnaval toma forma jurídica de empresa influye en el carnaval, porque en el momento en el que te vuelves una empresa, el objetivo principal pasa a ser el beneficio económico.

La mercantilización del carnaval.

Cuando se trabaja creando un repertorio teniendo en cuenta el lucro, y esto no quiere decir que no se ame las coplas, se hace pensando en tener éxito para alcanzar la final porque es lo que luego va a repercutir en contratos. Este tipo de lógicas pueden comenzar a alterar la evolución de las coplas. La evolución natural, que es como debe ser y como están haciendo gente como German Rendón, que está sabiendo hacer evolucionar la modalidad como lo hiciese en su momento Martínez Ares. Eso es un proceso natural. Cuando se hace con miras económicas se desnaturaliza esta evolución, y eso es preocupante. Tanto los autores como los aficionados tenemos que tener presente el tesoro que es la copla de carnaval, y hay que evitar que ocurra como en Montevideo, donde las murgas son propiedad de empresarios y ellos mismos organizan el concurso, venden los derechos de televisión, etc. No quiero ser alarmista, pero se comienza a vislumbrar ese peligro. Este es un debate que se debe abrir en el seno del futuro patronato.

¿Esa mercantilización puede desembocar en repertorios menos críticos o con contenidos menos localistas buscando mayor rentabilidad fuera de Cádiz?

Por ejemplo. El peligro es que un autor comience a escribir pensando que el objetivo principal es llegar a la final para conseguir contratos. Y si tengo que sacar a una tía en bolas en un cuplé para conseguirlo, pues se hace. Pero ese no es el carnaval que deseamos. El jurado aquí tiene una responsabilidad altísima. Por eso hay que plantearse también quién debe serlo. Hay quien dice que debe ser gente del carnaval, pero lo que tiene que ser es gente inteligente. Gente que conozca la responsabilidad que tiene dar un premio a un cuarteto que vaya rimado o a uno que no. No porque guste más o a la gente le haga más gracia, sino porque tenemos una labor de conservadores de una tradición a la vez que promotores de la innovación equilibrada.

El jurado, al final, además de dar los premios también marca una tendencia.

Por supuesto. El caso más claro en este sentido es de nuevo el de Germán. Él venía haciendo un tipo de comparsas estos años atrás con las que no conseguía llegar a semifinales a pesar de tener calidad suficiente. Ahora, aunque ha traído una comparsa estupenda, ha empezado a dulcificar cosas, a hacerlo más ligerito. No ha traicionado sus principios porque es muy astuto, pero él había planteado una forma de hacer la comparsa interesante y el jurado debería valorar eso porque al final es una inversión de futuro para la modalidad.

 

El peligro es que un autor comience a escribir pensando que el objetivo principal es llegar a la final para conseguir contratos. Ese tipo de lógicas pueden comenzar a alterar la evolución de las coplas

 

Además de autor de comparsa, es autor de una chirigota callejera ¿Cómo se compaginan ambos mundos?

Se compagina con mucha pasión. Porque a mí esto no me da disgustos, ni el teatro ni la calle. Y luego como autor de comparsa, una vez que termina el concurso, tu papel se acabó. La calle para mí es lo más. Espero nunca tener que decidirme entre ambas pero si tuviera que elegir, sería la calle. Me puedo imaginar un año sin comparsa pero no sin la calle.

¿Son dos planos opuestos o complementarios?

Hay quien tiene la absurda idea de que las agrupaciones del concurso son primera división y la calle es segunda o regional. Y no, se equivocan. No son dos divisiones, son dos deportes diferentes. El teatro, por ejemplo, es mucho más popular, más pasional, de clase trabajadora. La calle es más elitista, más minoritaria. Eso se ve en el público. El del Falla tiene una media de edad muy joven, en la calle sin embargo, es un público más adulto. Y eso pasa también con los componentes. No hay muchos jóvenes en ilegales. Y lo digo como análisis, no como crítica.

Dice que el público del Falla es joven y de clase popular o trabajadora, sin embargo, en alguna ocasión ha dicho que el concurso es conservador. ¿Cómo se explica?

Bueno, por esa regla de tres tendríamos que pensar que la juventud de clase trabajadora es conservadora. La derecha reaccionaria siempre ha concebido que el pueblo no tiene que ser un agente de transformación, sino un agente de trabajo y obediencia. También puede que tenga que ver con las claves tradicionales folclóricas, por ejemplo.

La gente puede dudar que el público del teatro sea conservador porque cuando se cantan letras contra Teófila se aplauden ¿verdad? Pero es que meterse con el poder queda bien. Esto es más profundo. Por ejemplo, una cosa tan sensata para una persona con una mínima sensibilidad progresista como el referéndum de Cataluña sería impensable que se cantase en un repertorio. Es algo que muchos pensamos, pero no nos atreveríamos a hacer una letra pidiendo eso porque sabes que te puedes enfrentar a una pitada.

En relación al carnaval de la calle creo que usted tiene una teoría al respecto ¿podría explicarla?

En la calle hay muchas agrupaciones cantando durante la semana de carnaval, pero no todas son iguales. Por un lado están los tablaos. Luego está el carnaval a pie de calle, que es, por ejemplo ‘Los Millonarios’ cantando en la escalerita de la facultad o El Selu en el escaparate de Zara. Esas son agrupaciones legales cantando en la calle. Luego hay otro carnaval callejero que es el del Pópulo. Son agrupaciones que, o no van a concurso o van a los de los pueblos de la comarca, y que se caracterizan porque cumplen con el reglamento para poder ir al Falla: tienen tantos componentes, tantos instrumentos y tales piezas de repertorio. Esas son agrupaciones callejeras. Y luego están las ilegales, y por eso me gusta ese nombre, porque son aquellas que no cumplen la ley, entendida como reglamento. Aquí hay una gran diversidad tanto en el número de componentes como en los repertorios. Además, esto te permite una riqueza interpretativa que el teatro no. La calle permite un tipo de humor mucho más variado. También la incorporación de la mujer, que hace un humor desde lo femenino. A pocas de estas agrupaciones ilegales veras por el Pópulo, porque para que la copla sea mágica se necesita un ecosistema determinado: una calle silenciosa y un público que va a escuchar.

Este año incorpora a su chirigota al Bocu ¿Qué puede adelantar sobre la idea?

No voy a decir el tipo pero sí la temática. Llevamos viendo desde hace unos años que el problema más grave para la calle no es el botellón como tanto dicen los anuncios de la tele. Con el botellón llevamos años conviviendo y convivimos más o menos bien. Hay una cosa mucho más peligrosa, y son los vecinos que protestan. Desde hace algunos años nos encontramos con muchos que se quejan aunque sean las doce de la noche y en la semana de carnaval, y es algo que nos llama la atención.Sobre eso va la chirigota este año, sobre ese espíritu reaccionario, antigaditano y anticarnavalesco.

¿Qué hay que hacer, si es que hay que hacer algo, para cuidar al carnaval callejero?

Sobre todo no reprimirlo y valorarlo como la manifestación antropológica y cultural que es. Permitir que esos días la prioridad en el espacio público sea eso. Tener cuidado con la hora a la que se limpian las calles y si fuera posible cortar algunas calles. Por lo demás, nada. No tocarlo porque el carnaval ilegal es una flor delicada y frágil. Lo mejor es no hacer nada. Ni siquiera sacarlo mucho por la tele. Que la ciudad durante una semana sea una reserva natural, con eso es suficiente.

 

Algo como el referéndum de Cataluña sería impensable que se cantase en un repertorio. Es algo que muchos pensamos, pero no nos atreveríamos porque sabes que te puedes enfrentar a una pitada.

 

Volviendo a su faceta como autor de comparsa. Primero la comparsa de Nene Cheza, ahora la comparsa de Ángel Subiela ¿cree que no tiene el reconocimiento que merece?

No me planteo esas cosas. A mí no me molesta. Lo haría si se intentasen aprovechar de mi trabajo, pero como no es así, no me importa. Además, soy un poco vergonzoso, así que intento no ir mucho a las teles ni salir demasiado. No es una cuestión de orgullo, es que, sinceramente, Cádiz es muy chico. Y con la pasión que se vive aquí el carnaval puede llegar a ser un coñazo. Yo he dado un paso atrás en ese sentido, así que tampoco puedo pretender que se diga “la comparsa de Argüez”. De todas formas, quien se quiere enterar de estas cosas se entera.

Además de su faceta carnavalesca es escritor. ¿El carnaval está más cerca de la poesía o del periodismo cantado?

Lo del periodismo cantado es un tópico. Más quisieran muchos amigos periodistas poder escribir con la libertad con la que escribe un autor de carnaval. Obviamente se habla de temas de actualidad, pero desde una subjetividad y una pasión que no es propia del periodismo. Cerca de la poesía creo que sí. Sobre todo de la poesía popular. El carnaval es una manifestación folclórica popular, a medio camino entre lo culto y lo popular, y eso me fascina.

Se escribe con libertad pero en el carnaval también existe la autocensura ¿no?

Sí, claro que la hay. Autocensura es una palabra fea. Tiene más que ver con las estrategias de competición. Volvemos a la letra sobre el referéndum de Cataluña ¿Por qué nadie la escribe? ¿Es autocensura eso? Sí, podemos entender que es una forma de autocensura. Es algo que sufren todos los autores. El que menos creo que es Tino. Es el autor más valiente en ese sentido, más que otros que puedan aparentarlo, como el propio Juan Carlos, a quien admiro mucho, por otro lado. Tino creo que es el que mejor conjuga su libertad creativa con competir. Y además tiene esa capacidad de conectar con el lado más sensible del público que solo tiene él. Igual que la tenía, por ejemplo, Pedro Romero.

En este sentido usted es aun autor que se caracteriza también por escribir letras críticas y valientes ¿perjudican a la hora de competir?

No lo sé. Para mí el repertorio más crítico que ha sido el de ‘Los Borregos’ y fíjate el salchipapazo que me dieron. De todas formas, tengo la sensación de que después de la Trilogía Animal se tiene un concepto de mí de autor agresivo, y hay comparsas como ‘La Bicentenaria’ o ‘Si no existiera el dinero’ que siendo muy críticas no son agresivas.

En eso influye sobre todo ‘Los Gallitos’, que sin embargo es la que más llega al público ¿no?

Sí, por eso digo que es un misterio. A mí me gustan más los repertorios de magia que los de garra. En ‘La Bicentenaria’ se hacía un cuestionamiento de muchas cosas, entre ellas del Bicentenario, ‘Los Ruinas’ es un canto de amor-odio a la ciudad, ‘Los pobres diablos’ es una de las ideas más sofisticadas y complejas que he hecho. Quien ha seguido mi pequeña trayectoria sabe que ‘Los Gallitos’ es una cosa puntual y no es mi manera habitual de escribir.

Aun así, el componente crítico si se mantiene en todos sus repertorios.

Sí, porque me gusta que el carnaval tenga esa función social que siempre ha tenido. Pero una cosa es lo critico y otra lo agresivo. El carnaval, de hecho, nunca ha sido agresivo. Durante el franquismo había que ser súper irónico para ser crítico, pero luego en democracia, la comparsa de Pedro Romero, por ejemplo, era crítica y comprometida pero no agresiva. La agresividad se ha puesto un poco de moda, y lamento que ‘Los Gallitos’ hayan contribuido a eso.

Vivimos el primer carnaval después de veinte años de gobierno del Partido Popular. Vázquez Montalbán decía que contra Franco vivíamos mejor ¿se escribía mejor contra Teófila?

Sin duda. De hecho yo todavía le he hecho una letra este año. Pero es que había tantos motivos que creo que deberíamos estar veinte años cantándole a Teófila. Ha hecho tanto daño a esta ciudad…. Dolía ver como cada concurso salían letras contra el Ayuntamiento, letras buenísimas y bien argumentadas, y el público aplaudía enfebrecido. Pero luego la votaban.

 

El verdadero paso adelante es que las mujeres asuman también la autoría de las agrupaciones. La gran aportación de la mujer a la copla de Cádiz es poner su mirada violeta.

 

¿Cuál es su comparsa más personal?

Tengo guardadas en el corazón ‘Los Ruinas’, ‘Si no existiera el dinero’ y ‘Los Borregos’. En cuanto a repertorio creo que ‘Los Borregos’ es el que más trabajé y el más completo en su concepto. Me da mucha pena que la gente no estuviese de acuerdo. De la etapa anterior a Nene recuerdo mucho ‘El Tambor’, que además llevaba música de Pacoli. Es una comparsa a la que tengo mucho cariño.

Cada vez hay más agrupaciones femeninas en el concurso. Este año se ha comentado ya la necesidad de eliminar de una vez el apellido a estas agrupaciones ¿En qué punto está la cuestión de género en el carnaval?

Eso es lo primero. ¿Qué manera de luchar por la integración es esa? ¿Por qué hay que diferenciar? El concurso es muy tímido en su crecimiento en este tema para cómo debería ser. Esto tendría que estar mucho más naturalizado. Por suerte ya se empieza a escuchar a gente decir: “que bien suena esta comparsa”, cosa que hace diez años era impensable. Pero se están convirtiendo en intérpretes. El verdadero paso adelante es que las mujeres asuman también la autoría. Hasta ahora, que yo sepa, solo está la comparsa de Sevilla, que escribe Arancha y antes venía una de Barbate, que escribía Maricharo. El paso importante es ese porque la gran aportación de la mujer a la copla de Cádiz es poner su mirada violeta. Llevar su voz, su pensamiento, su cosmovisión femenina al carnaval.

¿Existe machismo en los repertorios de carnaval?

Sí, hay machismo. Sobre todo en los chistes. Mi parienta, mi suegra, mi vecina Carmeluchi, etc. Y yo levanto la mano porque no estoy libre de pecado. Luego te vas a la calle y ves que se le da la vuelta a todo esto. Ahora es Carmeluchi la que habla. Florece una nueva forma de entender el humor. Y eso que pasa con las ilegales no ha llegado todavía al teatro. No ha llegado el carnaval de género. Sería maravilloso, pero es algo que el público tiene que empezar a valorar. Y los jurados, también.

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