La resaca de la preliminar: Juan pelotazo, Patronato babuchazo


La recién concluida fase preliminar del presente COAC se ha saldado con un claro y único protagonista, Juan. El personaje de corte rubalquiana, salido de la infinita y exquisita imaginación de Selu García Cossío, se ha erigido como el símbolo de este carnaval 2016, robando protagonismo a cualquier otro actor. Baste como prueba de su relevancia, la sombra que le hizo a dos de los ilustres regresos al concurso, el de Antonio Martínez Ares en especial, y el de Antonio Martín, quienes compartían cartel con la chirigota ‘Si me pongo pesao me lo dices’.

Precisamente, el retorno de la comparsa de Antonio Martínez Ares al concurso después de 13 años en barbecho, se presuponía como el gran hito de la preselección. Fueron tantas las expectativas creadas, estaba tan elevado el listón, que debería haber traído como mínimo una reedición de ‘Los Piratas’ para dejar al público saciado. En cambio ofreció una buena comparsa, contundente, eso sí, de digestión lenta, lo que ocasionó cierto enfriamiento de la afición, que vibró más con la comparsa de tintes clásicos que presentó su gran rival, que no enemigo, Antonio Martín.

Por lo general, el nivel en comparsas -a las esperadas me refiero- ha estado muy parejo, notable. Ningún sobresaliente, no hay una destacada que se despegue del pelotón de cabeza. Se prevee una lucha muy reñida, ya no solo por el primero, sino por abrirse paso, a codazos, hacia la gran final. Tino Tovar siguió apostando por la dulzura, por la convergencia de la imaginación y la sencillez de lo cotidiano. Juan Carlos Aragón se presentó mojito en mano más relajado, al son que marca La Habana; pausado, sin más preocupación que la de gustar a su recién estrenada cónyuge. Jesús Bienvenido apostó por la transgresión, salvo en el pasodoble, que deshizo la ‘voltereta mortal’ para traer lo que le dictaron las olas de La Caleta. Los Carapapas cada vez más ortodoxos en la religión del cristianoronaldismo.

Hubo dos gratas sorpresas en la modalidad, una de ellas la de la comparsa de Germán García, OBDC, que con el sobrenombre de ‘La vida es bella’, en referencia a la obra maestra cinematográfica de Benigni, presentó sus credenciales a aspirar a todo, sin renunciar a su personalísimo sello. La otra novedad positiva en Comparsilandia fue la irrupción de los chavales de Fran Quintana, que regidos por los cánones clásicos, se postulan como un grupo a tener muy en cuenta, no ya en futuros concursos, sino en el presente.

En coros, podemos hablar de ‘más de lo mismo’, alto nivel, esperado en los grupos de renombre y consolidados: Fali Pastrana, Julio Pardo, Nandi Migueles, Manuel Guimerá, Luis Rivero. Quizás la mejor noticia en la modalidad del tango es la progresión que este año sigue demostrando la juventud: Lucía Pardo, el coro mixto (‘Monopoly’ en 2016)…, y ojo a Alejandro Ariza, que no estará en cuartos con su grupo pero ha dado un salto cualitativo y solo tiene 23 años.

En el cuarteto, lo más reseñable de la preliminar es la fuerte irrupción en el panorama de un nuevo grupo con autoría de los sevillanos Fede Quintero y Lolo Seda, con la interpretación de El Popo entre otros. Los Gago, Puliestán y ‘Los Niños’, a lo suyo, sacando un boleto directo para la final. Demos gracias, aunque para algunos sea una lástima, que no hayamos vivido esperpentos ‘mojoneros’ como aquel grupo que vino de Badajoz, indignificando la modalidad.

Esa especie en peligro de extinción que es la chirigota, está herida de muerte, y es que es una pena ver que a cada concurso la modalidad cuenta con menor participación, inclinándose los autores por la cada vez más concurrida comparsa. Al rescate los viejos rockeros como Selu, Lobe, Canijo y Manolito, que vuelven a ser una vez más los que están en la picota de la más ingeniosa modalidad. Reiterar el peligro, que la apuesta, la moda por la comparsa, está dejando desierto y en el aire el futuro de la chirigota.

Como era de esperar, el alcalde de Cádiz José María González, a quién le han hecho hasta un repertorio completo, fue uno de los más, sino el mayor protagonistas de las coplas.En su mayoría halagos, también hubo consejos, avisos, y algunos como Pardo y Jona fueron más allá criticando aspectos de la gestión municipal que han dejado que desear. El Patronato del Carnaval, sin dudarlo, ha sido el blanco de todas las iras. Letras nominales, apuntando directamente al Capitán Procopio, a Pardo y a Quiñones… Tanta mala palabra hacia quienes gestionan el concurso, debe hacer replantearse esta organización, que es rechazada en pleno por los autores.

Hubo también letras para Cataluña y sus reclamaciones independentistas, como era obvio tratándose de un tema de tal calado y tan preocupante. La política nacional, los refugiados huidos de las guerras y hambrunas de Oriente Medio y África, son temas que los autores parecen guardar para fases más avanzadas del concurso. En cuplés, ha habido un rey, inesperadamente, ha sido tendencia el negro de Whatsapp, que ha inspirado múltiples chistes. El caso Cheryshev como cabía esperar también ha sido muy recurrido. Cabe lamentar demasiadas letras metacarnavaleras, que no tienen recorrido más allá del certamen, y se pierden unos maravillosos minutos para mostrarles al mundo tu canción y tu palabra.

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