Comparsa Los cobardes


Antonio Martínez Ares vuelve a ponerse el disfraz de comparsista, tras trece años en barbecho, con la comparsa ‘Los cobardes’. El Niño de Santa María, quién por muchos es considerado el alumno aventajado de la ciudad de Cádiz, maestra en la asignatura de ciencias de la risa enmascaradora. Retorna el hijo pródigo rodeado de jóvenes voces en las que materializa sus desvelos de madrugada.

Sensación de incertidumbre en el Teatro; se entremezclan las emociones de añoranza de los que vivieron tiempos gloriosos de la mano de la pluma de Ares, y sensación de expectación, de ansiedad, de día de Reyes entre los jóvenes que jamás fuimos testigos directos de su hora. Oscuridad semiplena, que insinúa quince siluetas camaleónicas. Tambor y guitarra, ¡ya no hay marcha atrás! La sentencia de inicio resume, sintetiza la idea y el mensaje de la breve, bacheada y metafórica presentación: “Un viento de trece años me ha soplao en la carita, un hombre cobarde no conquista una mujer bonita”. Unas gotas de dulzor que el autor regala a modo de calmante, de la bandera que lleva trece vientos sin ondear.

Con tanto por contar, olvida uno lo básico, y es el inicio del pasodoble el que invita a mirar al forillo, es negro y sobrio, como los de antes, como los de siempre. Letra expiatoria, en la que el autor busca que Cádiz le redima el pecado de su ausencia. También explicativa, ¿por qué abandonó?, ¿por qué, por quién regresa? La musicalidad del pasodoble, como Podemos, que una vez conformado se fragmenta en varias partes. Eso sí, muere en La Caleta.

Cuchillo al cuello del Patronato. Lo señala, lo insulta, lo golpea, lo destripa, lo mata, lo revive y lo vuelve a matar. Así es Antonio, si se pone con algo, hasta el final, nada de medias tintas. No se guarda nada, extenuado.

Llega el tiempo de la risa cuando uno aún sigue dándole vueltas a los pasodobles. Guasa contra la que fuera regidora de Cádiz y crítica contra las entidades bancarias. Febrero se hace camaleón en el estribillo.

Mensaje soterrado en las letras del popurrí, surtido con ricas melodías. Repaso al mundo, a la vida, hablan de todo y hablan de nada. Imposible hacer tuyas las letras de primeras, el poeta se ha empeñado en hacer poesía… Baja de lo universal a lo cotidiano; de la Creación, de vidas con guerra y sin casa, del fuego del 36, de reclamaciones ilegítimas muy poco honorables… “Carnaval mi casa, mi cara, mi luz y mi muerte. Maldito y bendito. Te odio y te necesito”. Cádiz, Cádiz, Cádiz, Cádiz y Cádiz… tranquila mujer, que “aquí tienes tu zarzuela”.

Pues sí, era verdad lo que decían; ¡ha vuelto!

 

 

 

 

 

 

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