La (cruda) realidad de los ex Delphi


La historia, la realidad de los ex trabajadores de Delphi es harto complicada, farragosa. Entrar en ella es pisar un terreno enfangado y minado en el que se entremezcla la mentira, las promesas, la esperanza, el miedo, la tristeza, la sinvergonzonería, la rabia, la envidia… En su transcurrir desde el cierre en verano de 2007 de la sede en Puerto Real de la multinacional norteamericana, hay vencedores y vencidos, hay aprovechados y víctimas, hay valientes y cobardes, hay mentiras y verdades, hay juicios y lucha callejera… Lo que no hay es una versión unánime y clara en la que se explique objetivamente lo sucedido. Pese a todo lo que ha aparecido en prensa relativo al conflicto, resultan unos hechos muy turbios y confusos en los que unos cargan contra otros y viceversa. ¿Quién dice la verdad y quién miente? No hay unos culpables claros, ni siquiera datos concretos. Unos te hablan de X, otros de Y, cada uno aporta su punto de vista de los hechos, subjetividades, nada objetivo, por lo que es una tarea ardua realizar una crónica objetiva de lo acaecido. Lo único que se puede sacar en claro y que es una realidad, es que hay alrededor de 500 ex trabajadores olvidados y abandonados a su suerte, traicionados por políticos, sindicatos, empresarios y compañeros. Ellos son los auténticos perdedores en este asunto, ellos son los parias.

De los cerca de 1.900 trabajadores de la multinacional que quedaron sin empleo, unos 750 fueron prejubilados “llegando algunos a cobrar 2000 euros mensuales”, otros 350 recolocados en “la tapadera” de Alestis, otros se buscaron ‘las papas’ por su cuenta, también hay casos de muertes e indigencia. Hoy día son en torno a 500 los olvidados, los que no han recibido ningún tipo de solución, ellos conforman el colectivo de desempleados de Delphi. Precisamente con representantes de ellos nos reunimos para tener conocimiento de primera mano de su situación.

Nos citamos con Miguel Paramio, que es la voz del sindicato cristiano-socialista USO en el conflicto, uno de los pocos sindicalistas en los que estos ex trabajadores aún confían, un hombre curtido en mil batallas, conciliador y tranquilo, que sirve de enlace entre otros líderes sindicales y el colectivo de ex trabajadores. También acude a nuestra llamada Isidro Jiménez, quien antaño fue delegado en CGT, pero desencantado decidió proseguir la lucha por libre, a su manera. Isidro tal y como se define es un “heterodoxo” que harto ya de engaños no sigue ninguna doctrina, se expresa sin pelos en la lengua y recopila artículos sobre el caso Delphi en su blog ‘La mala memoria’, donde también ha habilitado un chat para discusión y tertulia entre desempleados de la multinacional. Al encuentro suman sus testimonios varios ex trabajadores que participan en el encierro en el edificio de los sindicatos de Cádiz. Hombres en edad de laborar, con ojeras que denotan su cansancio y desesperación; asidonenses, puertorealeños, jerezanos, chiclaneros… Unos con ganas de despotricar contra todo aquel que les dejó en la cuneta. Otros resignados, callados y apartados. Muertos en vida.

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Interior de la casa del pueblo.

El colectivo de desempleados, aunque a ellos les cueste afirmarlo, se encuentra disyunto, se perciben diferencias y pendencias entre ellos. Por un lado los sindicalistas y los que son fieles a los sindicatos, por otro los que van por libre y luego los que se encuentran realizando el encierro. Isidro no ve división, alude a que “cada uno tiene su casuística”. Del enclaustramiento en la casa del pueblo del edificio de sindicatos CCOO y UGT, que el 27 del presente mes cumplirá 700 días, son partícipes en torno a 80 ex Delphi que se organizan en 9 turnos de 24 horas. Allí pasan el día como pueden; comen embutidos y precocinados que calientan en los dos microondas que poseen, duermen en desgastados colchones a ras de suelo, charlan de su día a día, juegan a las cartas, leen, se evaden frente a la pequeña televisión de plasma que han habilitado… Frente a lo que los ajenos pensamos, ellos no están allí “por un acto de benevolencia de los sindicatos de UGT y CCOO”, sino que ante el inminente desalojo policial de la entrada del edificio, “un ex sindicalista de CGT, hoy fallecido, les cedió una llave” para que pudisen “ocupar el salón de actos” en el que llevan ya más de dos años. No han sido desalojados de allí porque como dicen “a los sindicatos no les conviene, darían muy mala imagen”. Paramio e Isidro coinciden en calificar a estos valientes como “la única llama que está viva de forma permanente”. El encierro, si para algo ha servido, ha sido para “unirlos y tener la atención de los distintos colectivos”. Preguntados ante un posible desalojo, la respuesta es clara, “si no nos expulsa la policía por la fuerza, hasta que no haya solución no nos vamos“.

El común de los ex trabajadores echan pestes sobre los sindicatos CCOO y UGT a quienes acusan de “artífices y beneficiarios del cierre de Delphi”, “los que pelaban el pescao” en palabras de Paramio. Pese a ello Miguel Paramio que también es sindicalista trata de quitarle hierro al asunto: “Hoy en día todas las movilizaciones han sido consensuadas por los cuatro sindicatos, hay unión sindical para buscar una salida digna al colectivo”. Sin embargo Isidro es bastante más duro con Comisiones y Unión General: “Hay compañeros de las asociaciones laborales que les encantaría ver esto (a ellos, al conflicto) tapado con una losa de cemento como la que le pusieron a Franco”. Los ex trabajadores allí presentes son de la opinión de que los sindicatos “negociaron a espaldas del colectivo” y que “no están por su labor (la de los olvidados)”.

Sin trabajo, sin ayudas y manchados por el conflicto laboral, la situación económica de estos parias es pésima, lo que les lleva a crisis personales, familiares, psicológicas… Sin más luz en el horizonte que la resolución del pulso judicial que mantienen con la Junta a la que llevaron al TSJA por fraude e incumplimiento de los contratos firmados en 2007, la cual esperan para la primavera del próximo año, la situación de muchos ex trabajadores se ve agravada por las demandas que recientemente presentaron tanto la Fundación Universidad y Empresa de la Bahía de Cádiz (FUECA) y el Servicio de Empleo Público Estatal (SEPE). En estas denuncias se les reclama a cada uno de los señalados 6.000 euros en cuestión de contratos de simulación y el cese de la ayuda de unos 420 euros que actualmente perciben algo más de 1oo ex Delphi, acusados de simulaciones de contratos de empleo mientras recibían los cursos de (de)formación. “Fueca ha actuado con una mala fe tremenda, salpicando a ex trabajadores que están en la puta miseria”, afirma Paramio. Con el rostro triste y apagado otro de los sufridores allí presente expresa que les están “quitando lo poquito que les queda” a los que “no tienen ni para vivir”. Añade que no quieren “limosna”, solo piden “un puesto de trabajo”.

Aconsejados por los sindicatos, los trabajadores afectados han presentado un recurso para paralizar el proceso hasta que no se celebren los juicios (individuales) correspondientes a finales de 2017. “La situación es tan surrealista”, comenta Isidro que “se puede dar la paradoja de que a Fulanito le quiten la subvención y a Menganito no”. “Un guión tan subjetivo que si lo coge Almodóvar no lo escribe”. Todos coinciden en que ellos no son “culpables de la simulación laboral”, que son “simples victimas de los empresarios” y que la legalidad los “ampara”. Uno de los encerrados allí presente especifica aludiendo al Dispositivo de Tratamiento Singular que “ninguno de la Junta, ni de CCOO, ni de UGT, principales responsables, no tienen que pagar ni un duro”.

 

Los cursos de formación

Conversando sobre las demandas salen a colación los cursos de formación, en los que sí se ha demostrado que hubo muchas irregularidades y mordidas de empresarios, entre estos los chanchullos del ex consejero de la Junta Ángel Ojeda. Ellos recuerdan constantemente un dato demoledor, y es que “no hay ningún trabajador currando gracias a la formación”. Un ex trabajador saca una carpeta que muestra abarrotada de documentos en los que se acredita la superación de multitud de cursos, “esto es papel mojado, no vale para nada”, cuenta con una mezcla de sorna y resignación. Les obligaban a ir diariamente a los cursos para recibir las ayudas, “nos controlaban continuamente, nos fichaban al entrar”. “Al ex viceconsejero Barberá se le dice que no están cumpliendo el protocolo en el cual tiene que haber tres niveles formativos”, responde Isidro preguntado por la disparidad de los programas formativos. A lo que añade un ejemplo en el que “un señor que prácticamente era bilingüe compartía aula con otros que no tenían conocimientos básicos de inglés”.

Comparten los allí presentes la conclusión de que el objetivo de los organizadores de los cursos “no era formar a los trabajadores” sino que “era mantener el máximo de tiempo posible al colectivo unido para recibir subvenciones con las que hicieron virguerías a beneficio propio”. En resumidas cuentas, “tomar dinero de la Administración”.

 

Campaña mediática

En Cádiz, estos parados tienen fama de privilegiados, se les acusa de vivir de la paguita y de quejarse de vicio. Algunas voces incluso les señalan a ellos de ser los propios responsables del cierre o deslocalización -llámenle como quieran- de la factoría, debido al alto absentismo. Ellos desmienten rotundamente lo que afirman estas acusaciones y afirman que el Partido Socialista ha emprendido desde hace años “una campaña mediática en contra del colectivo”. Isidro va más allá opinando que “la cobertura mediática en esta provincia está controlada por la Junta, por los socialistas. Los verdaderos culpables de nuestra situación como Chaves, Griñán o Recio están cubiertos”. Y cita como ejemplo un artículo publicado en todas las cabeceras del Grupo Joly escrito por un ex cargo socialista, el cual considera “indigno y ofensivo contra los ex Delphi”, y ante el que no hubo “posibilidad de réplica”. Paramio es de la misma opinión que su compañero: “El Grupo Joly nos da cobertura mediática, pero se dan más titulares en contra que a favor del colectivo”.

Recortes de prensa recopilados por los desempleados.
Recortes de prensa recopilados por los desempleados.

Achacan el sambenito que el pueblo les ha colgado a que cada vez que la prensa habla de ellos dicen que se han llevado “100.000 euros en indemnizaciones por cabeza”, dato que desmienten con rotundidad. Hablan de “leyendas negras que corren por ahí en contra del colectivo”, comenta Isidro. Desmiente que “al cierre de la fábrica nunca nos ofrecieron 80 días por año trabajado”, “tampoco renunciamos jamás a la mitad de indemnización que correspondía a la multinacional americana”.

Puestos a desmentir rumores, quieren dejar muy claro que “la empresa no se marchó por un alto absentismo laboral”, dice Paramio. “Esa (las bajas) fue la excusa en la que se escudó Delphi”. Y van a más: “No tienen pruebas, la empresa no fue capaz de dar con los motivos de absentismo, un concepto (absentismo) que entendían en un sentido muy amplio, incluyendo las bajas”. Para Isidro, un dato a destacar es que “no había picos en Carnavales, ni en ferias, ni en El Rocío. Las bajas que se producían estaban más que justificadas”.

 

Partidos políticos

Las relaciones con el PSOE es obvio que son nulas. Los populares no han movido un dedo por ayudarles “más que cuando les interesa”, y de Izquierda Unida tampoco quieren saber nada porque les “vendieron” y les echaron “más mierda encima”. Respecto a Ciudadanos cuentan que antes de formar gobierno autonómico se reunieron con ellos y “se comprometieron a buscar una salida digna al colectivo”, hoy son “la llave que mantiene a los socialistas en el poder”. De Juan Marín opina Paramio que “ha cogido un discurso fácil, el de haremos lo que esté dentro de la legalidad. ¡Dentro de la ley estamos nosotros y los acuerdos que firmamos!“.

Hace cuestión de una semana la prensa nacional se hizo eco del abordaje de varios ex trabajadores de Delphi a Albert Rivera y su comitiva mientras daban su primer paseo electoral por las calles de Cádiz. Se reflejaron en el menú mediático los insultos que propiciaron a los líderes naranjas, pero también hubo conversación. Miguel Paramio comenta que habló personalmente con Rivera para transmitirle la situación del grupo, ya que “Juan (Marín) es un mindundi”: “Me dijo que no pretendiéramos que solucionasen en dos días los errores de 30 años de gobierno socialista”. El sindicalista opina que “Rivera se las trae… tiene cara de corderito pero es un lobo de cojones “ (sic). Unas acusaciones que pueden estar justifican tras el apoyo incondicional de Ciudadanos a los últimos presupuestos socialistas para la Junta, en los que no se recogían las enmiendas presentadas por el grupo parlamentario de Podemos donde se encontraban soluciones económicas para los ex Delphi entre otros colectivos andaluces desamparados.

En el plano político, la mayoría de estos parados confían únicamente en Podemos, “si hay alguien que te da un salvavidas, bienvenido sea”. Se muestran “muy agradecidos” y consideran “de aplaudir” el que lleven su labor a cualquier lado. Nos recuerdan que tanto el Alcalde de Cádiz José María González como la Secretaria General del partido en Andalucía Teresa Rodríguez han donado parte de su sueldo a las arcas de estos desempleados. Al igual que Juan Antonio Delgado, número dos por Cádiz al Congreso de Diputados, quién declaró públicamente que llevaría la problemática del colectivo a la Cámara Baja.

En fin, la cruda realidad de los ex Delphi.

Uno de los colchones en el que dormitan.
Uno de los colchones en el que dormitan.

 

 

 

 

 

 

 

 

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