Juan Moreno: Un conileño en Parla (Madrid)


Después de pasar cuatro meses en situación de desempleo, de septiembre de 2014 a enero de 2015, a Juan Moreno (27 años) no le quedó otra alternativa. Buscaba un trabajo y Conil, donde siempre vivió, no le abría más puertas que la de su propia casa. Una conversación con un amigo le facilitó la búsqueda. Una empresa de mantenimiento de comunidades buscaba empleados. Su amigo conocía al jefe. En cuanto pudo le habló de Juan y le ofrecieron un trabajo de conserje. El único inconveniente era que este trabajo estaba en Madrid, a 650 kilómetros de su tierra, de sus raíces, del mar. Juan tenía que aprender a vivir lejos de su familia, de Conil y de su novia, Virginia, que aún tenía cuestiones pendientes en el sur y no podía emigrar junto a él. Juan lo hizo. Aceptó la oferta de trabajo y puso rumbo a la capital. Los primeros meses se debatieron entre la novedad, el deseo irrefrenable por asumir una nueva vida y el dolor de tener en Conil aquello que más quería.

Casi un año después de dar el paso, Juan recuerda sus primeros meses como conserje de comunidad escuchando carnavales en una garita. El frío de febrero lo pasaba mejor con pasodobles y cuplés. Aunque sobre este asunto tiene algo muy claro: “Siempre pasan las mismas agrupaciones a la Final. A veces he escuchado a comparsas o chirigotas que me han gustado más, pero son de Sevilla y de otras partes de Andalucía. El Concurso es demasiado localista. No lo veo justo.”

En un principio, Juan vivió durante unos cinco meses en una habitación de alquiler en el extrarradio de Madrid. La experiencia no fue totalmente positiva. Los primeros meses la vida con la casera fue relativamente tranquila. Se llevaban bien, pero de un día para otro todo cambió, la relación se deterioró, la convivencia se hizo insoportable por las faltas de respeto de su casera hacia él y se marchó. Pasó un tiempo en casa de un amigo hasta que encontró un piso en Parla, que desde hace un par de meses también acoge a su novia, Virginia. Durante el primer mes, Virginia que es licenciada en Magisterio y estudia en la actualidad un grado de Psicología por la UNED no encontró trabajo. Pero, ahora, dos meses después ya forma parte del mercado laboral. Ha encontrado empleo como camarera en un bar en Madrid. El único inconveniente es que la comunicación de transporte con Parla no es la más idónea y el desplazamiento al trabajo se hace eterno.

A unos 17 kilómetros de Madrid, Parla es una de esas ciudades que han servido para liberar a Madrid de habitantes. Tiene prácticamente los mismos residentes que la ciudad de Cádiz, 125.000 aproximadamente. En Parla nacieron por ejemplo el actual entrenador del Real Madrid, Rafa Benítez o el actor de Siete Vírgenes, Juan José Ballesta.

Pero las oportunidades laborales son razones suficientes para que Juan Moreno y Virginia estén contentos en Parla. Juan cuenta que ha notado desde que ha venido a Madrid cómo “aquí hay muchas más oportunidades. Es verdad que hay que trabajar mucho, pero también se nota la diferencia de salarios”. Por ello, y por ahora, Juan considera que tendrá que hacer vida en Madrid. Espera seguir escalando laboralmente en su empresa en la que ya ha hecho buenos amigos. Sobre las relaciones sociales con los madrileños Juan afirma que “les cuesta pero se acaban abriendo”. Cuenta que está a gusto, que se ha acostumbrado rápido y que estar aquí es, sin duda, lo mejor para él. Para Virginia, sin embargo, el estar lejos de su tierra le está pesando más, pero como Juan piensa que para abrir una puerta al mercado laboral en Madrid siempre será mejor que en Cádiz.

Hay un pregunta obligada. ¿Cuánto echa Juan de menos Conil? Afirma que mucho, a su familia y a su casa. En ocho meses ha vuelto a Conil solamente en tres ocasiones. Y ya ha asumido su condición de emigrante: “Cuando paso allí varios días también echo de menos vivir en Madrid”. Asegura echar de menos sus amigos, el clima, su familia, pero no las oportunidades laborales. “Me he llevado trabajando en la hostelería ocho años y apenas he cotizado, casi todo en negro y con un salario muy precario”, asegura Juan.

“Hay que moverse. Uno no puede quedarse quieto esperando a que le llegue el trabajo. Siempre animo a los jóvenes de Conil que también están en desempleo que luchen por conseguir algo mejor y si hay que emigrar que lo hagan, porque el sur ahora mismo no ofrece oportunidades para que los jóvenes podamos entrar a trabajar”, es el mensaje que Juan Moreno lanza a ese casi 50% de paro juvenil que asola a la provincia gaditana.

No es fácil tener que hacer una maleta, coger un tren y empezar una nueva vida en otro sitio por el hecho de que la tierra en la que naciste no consigue despegar de su letargo. No fue sencillo para Juan, tampoco para Virginia, pero han apostado fuerte por su futuro. Ahora, tienen claro que quieren hacer bien su trabajo, ganar un salario digno que les permita vivir y seguir una vida a la que no han tenido miedo de tomar las riendas.

 

 

 

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