¿Por qué no hay toros en Cádiz?


Hace unos días, un amigo forastero me preguntó por qué no se celebraban corridas de toros en Cádiz y por qué ni siquiera había una plaza taurina en la ciudad. Yo, impulsivamente y para salir del paso, le dije por respuesta que Cádiz era especial, que era distinta. Pasado un tiempo, y en frío traté de darle una respuesta sólida a esta cuestión y me puse a indagar por la red en busca de ella. Pude comprobar, obviamente, que en la historia reciente (último lustro), el toreo ha pasado de puntillas por la ciudad. Lo que desconocía y me causo gran sorpresa fue la estrecha relación y la relevancia que la Tacita ha tenido con el mundo del toro y viceversa, durante los siglos XVIII, XIX y primera mitad del XX. Cádiz puede presumir de algunos hitos de la tauromaquia como la invención del toreo a pie, el ser pionera a la hora de construir un ruedo, o acoger el primer mano a mano entre Juan Belmonte y Joselito El Gallo. Sin olvidar que entre los años 29 y 76 del siglo XX tuvo un coso de primer nivel, ubicado en la actual plaza de Asdrubal.

Realmente, la situación actual de Cádiz respecto a la tauromaquia es especial y excepcional. Solo otras cinco capitales nacionales no disponen de ruedo taurino; Las Palmas, Lugo, Orense, Lérida y Gerona (además de Ceuta). Si uno realiza un repaso rápido, comprueba que en las restantes 7 capitales andaluzas se celebran corridas de toros (y de relevancia) y hay un coso fijo. Incluso, sin salir de la provincia, ni siquiera del mancomunado de la Bahía, se puede disfrutar de la tauromaquia en la mayoría de las principales poblaciones gaditanas; San Fernando, Jerez, El Puerto de Santa María, Chiclana, Algeciras, Arcos, La Línea, Sanlúcar de Barrameda… Sin duda, los toros en El Puerto merecen un aparte, ya que cada verano reúnen a lo mejor de la fiesta nacional en torno a su albero. El laureado torero Joselito El Gallo, preguntado por un periodista sobre su plaza fetiche pronunció aquellas palabras que quedarían para la historia: “Quien no ha visto toros en El Puerto, no sabe lo que es un día de toros”.

Ante la creciente oleada animalista y por ende antitaurina dentro del país, aprovechada por el auge de partidos de izquierda, nacionalistas y populistas; Cádiz se sumó el pasado 25 de septiembre a estos movimientos, con la declaración -aprobada en pleno con votos a favor de Ganar Cádiz, PCSSP y PSOE- de la ciudad como amiga de los animales. En este alegato, se prohibe en la capital gaditana cualquier festejo o espectáculo con animales; como un circo o una cabalgata. No se específica en dicha declaración la prohibición de la fiesta nacional en la ciudad, aunque se supone y se hace extensible a esta. La propuesta ratificada apenas causó revuelo en la ciudad, ya que ‘exenta’ de toros, eran de poco calado económico, social y cultural las prohibiciones que se aprobaron en el consistorio. Probablemente, con la vigencia de la tauromaquia en Cádiz, los socialistas no se hubiesen subido al carro del animalismo, por la controversia que podría alcanzar dicha medida.

Retomando la cuestión inicial, en la que se trata de dar respuesta a la no tauromaquia en Cádiz, cabe retroceder unas cuantas décadas para tratar de dar repuesta a la pregunta formulada. Concretamente, el 15 de mayo de 1976 se derriba la plaza de toros de Cádiz, desposeida de festejos 9 años antes y declarada en ruina. Un coso manchado por la sangre de la guerra civil española. Edificado en 1929, obra de una sociedad accionarial ayudada por el ayuntamiento, la plaza ubicada en extramuros fue testigo de fusilamientos durante la contienda armada, utilizadas sus paredes como paredón. Unos hechos que no dejaron indiferentes a la sociedad gaditana, que dejó de acudir a el ruedo asqueada por los sucesos y a modo de rechazo. En el diario La Voz de Cádiz, un veterano ciudadano explicaba que “la gente dejó de venir a la plaza, el que más o el que menos había perdido algún pariente aquí. Fue una manera de guardar el luto, puesto que existían muchos sentimientos encontrados”. Se puede hablar de una plaza maldita repudiada por el gaditano.

Después de 26 años sin toros y sin debate en la ciudad, la capital gaditana volvió a acoger una corrida (benéfica), esta vez en una plaza portátil ubicada en los terrenos de Telegrafía sin hilos. No estuvo exenta de polémica entre las protestas de los antitaurinos y de los taurinos que consideraban denigrante una plaza de tan poco nivel para Cádiz. Tras dicho festejo, se creó la Asociación Pro Plaza de Toros Multiusos, que como su nombre indica reclamaba la construcción de un centro multidisciplinario donde se incluyese un coso en los terrenos ociosos de Astilleros. Llegaron a recoger para dicho fin, 25.000 firmas de gaditanos. Fueron apoyados por los socialistas, y en mayor medida, por el gobierno local de Teófila Martínez (PP), que llegó a prometer la construcción de dicho espacio. A día de hoy, dicha asociación se encuentra acallada.

En 2006, con permiso del incidente cinematográfico en el que se hizo de Cádiz Pamplona, fue la última vez que un toro pisó tierra trimilenaria. De nuevo, se dispuso una plaza portátil, ubicada esta vez en la zona del actual Corte Inglés. El motivo de la lidia se debió a la celebración del Corpus, y en ella participaron los matadores Javier Conde, El Cordobés y Canales Rivera.

Pero no siempre ha estado Cádiz tan alejada de la tauromaquia, ni mucho menos. Como se menciona en el párrafo de inicio, la ciudad ha sido fundamental para el mundo del toro: fue madre del toreo a pie (ante solo se lidiaba a caballo) a principios de 1.700 en la plaza de San Antonio o Campo de la Jara. Además el coso de San Roque, fue de los primeros – si no el primero- ruedos de España; previamente las plazas eran cuadradas o rectangulares. Bastante más reciente, en 1.912, la cuarta plaza de La Hoyanca, ubicada en el Campo del Sur, fue testigo del primer mano a mano entre los más grandes toreros de la época y posiblemente del siglo XX; Joselito El Gallo y El Pasmo de Triana Juan Belmonte. El grueso de gaditanos solo conoce la existencia de la plaza situada en Asdrubal, la única que no fue de madera. Cabe decir que además de La Plaza de Toros de Cádiz y los dos mencionados previamente, hubo otros cosos en la ciudad; Santa Catalina, El Balón, Capuchinos, San José y Campos Elíseos.

A fecha de hoy, el toreo es un tema prácticamente muerto, olvidado en la Tacita de Plata. Apenas existe debate en torno a la fiesta nacional. No hay plaza, por lo que no hay peñas taurinas, no hay figuras toreras, no hay tertulias… no hay afición. Me atrevería a decir que la mayor parte de la población de Cádiz se posiciona en contra de la tauromaquia. Pese al grueso velo que separa la ciudad del toro, aún queda un reducto, mínimo, en la calle Corralón de los Carros, en pleno corazón del castizo barrio de La Viña, donde se respira torería. Lógicamente, hablo de la taberna Casa Manteca, regentada historicamente por José Ruiz Manteca, frustrado torero y dichoso tabernero. Allí, donde el toreo se resiste a ser apuntillado en la ciudad, donde se parlamenta de estoque y muleta; cuelgan de la pared infinidad de cuadros, fotrografías, carteles y retales taurinos de un tiempo que ya se fue y puede que nunca vuelva.

 

*Imagen de encabezado tomada del blog de Francisco Orgambides.

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Un comentario en “¿Por qué no hay toros en Cádiz?

  1. Afortunadamente también Cádiz ha sido pionera en la protección animal en España, creando en 1.872 la primera Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Cádiz.

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