“Me gusta llegar por debajo de la cintura, donde reside el surrealismo”, Gonzalo García-Pelayo


IMG_2367

Si prefieres leer la entrevista en formato revista descárgatela aquí: Entrevista Gonzalo García-pelayo.

DIEGO PEREIRA @PereiraGlez // Cada decenio la revista británica de cine Sight & Sound hace una revisión de las mejores películas de todos los tiempos. Lo hace cada vez que un año termina en dos y a través de la opinión de miles de críticos repartidos por todo el mundo. Durante décadas Ciudadano Kane se aferró a la primera posición con solvencia, sin percatarse que a hurtadillas Vértigo amenazaba su reinado, lo que provocó un cambio de ases en esta última revisión. En 2012, un crítico musical de Valladolid, Álvaro Arroba, después de votar, mandó un correo electrónico a Gonzalo García-Pelayo, director de cine español durante los años de la transición (de 1976 a 1982), que había sido más conocido como productor musical y por haber inventado un método con el que ganar dinero en ruletas de incontables casinos. Aquel correo electrónico a Gonzalo le pareció una broma. En él, un crítico musical llamado Álvaro Arroba (¿Arroba? Se sorprendió) le comunicaba que había votado para la lista de Sight & Sound a su película Vivir en Sevilla. Aún más sorprendente resultaba si se tenía en cuenta que cada crítico solo podía votar diez películas. Lo que Gonzalo pensó que era una broma, resultó ser el renacer de una carrera que se había fulminado con cinco películas cuya personalidad no llegó a cuajar en una sociedad que pedía a gritos un trozo de libertad.

“Volví porque había una corriente en la actualidad de críticos que entendía mis películas”. Lo de Álvaro Arroba fue una mecha que prendió con la celeridad del celuloide. Después vinieron los coloquios y reposiciones de sus películas en el Festival de Sevilla (junto a un seminario de la Universidad hispalense sobre su obra denominado Penetrar la Alegría), en Viena o en París, donde la Galería Nacional Jeu de Paume, guía del impresionismo, acogió un ciclo sobre el director. “No quería parecer un cineasta que vivía exclusivamente de su pasado, por ello decidí presentar una nueva película”. En un año, Gonzalo García-Pelayo se lanzó a la producción de Alegrías de Cádiz, que estrenó en el Festival de Viena, y que consiguió cuantiosos halagos de críticos reputados en España, como Jordi Costa de El País o Marcos Ordóñez, comentarista cultural del mismo medio.

Pero en medio hay 30 años.

“Me fui del cine porque entendía que mis películas en aquel momento no le interesaban a nadie”. Gonzalo García-Pelayo inició su carrera cinematográfica con Manuela: “Fue una película que me encargó un productor y yo respeté el guion que estaba escrito añadiéndole mis aportaciones, pero siempre respetando lo que se había pedido”. Manuela se estrenó en 1976, con el dictador muerto y el franquismo debatiéndose con la calle. “Fue mi película más taquillera con 1.200.000 espectadores”. La primera película de Gonzalo García-Pelayo se convirtió además en pionera del cine hecho en Andalucía. Un drama existencial que narra la historia de una mujer a la que todos desean. Una producción que se adentró en las tripas andaluzas por las sendas de una época en la que aún pervivían costumbres caciquistas y un poder tácito emanado de la sangre. Tenía actores consagrados y con un nombre hecho en el séptimo arte como Máximo Valverde o Charo López. Pero el García-Pelayo que hoy es reconocido aún estaba por llegar. La Andalucía que el director captó en la gran pantalla sigue siendo hoy fuente de inspiración para el cine patrio. “Andalucía es una de esas regiones mágicas que hay en el mundo junto a Kerala (sur de la India), California y la Toscana. Solo hay que ver el éxitazo de La Isla mínima para darse cuenta de ello”.

En 1978 produce dos películas que no conectan con el público que se sentaba en las butacas de los cines de la época, pero en las que Gonzalo García-Pelayo se alejó de las propuestas narrativas más clásicas para adentrarse en “películas densas, con muchísimas cosas, que es imposible captar toda su esencia en una primera visualización”. Este nuevo lenguaje apartado de los cánones clásicos apostaba por “la poesía o el ensayo que eran géneros literarios que no estaban muy explotados por el cine. Lo que caracteriza al cine clásico, narrativo, es su equiparación a la novela con respecto a la literatura. A mí me gustaba internarme por otros caminos”. Es por ello que el documental, la poética y la ficción se unieron para dar vida a Vivir en Sevilla, la que los críticos consideran su obra culmen y la que Álvaro Arroba votó para el listado de Sight & Sound. “En aquella época a casi nadie le gustó Vivir en Sevilla, pero ahora, 30 años después, ha experimentado un boom que ya tiene casi 800.000 espectadores en Youtube”. Vivir en Sevilla mezclaba el erotismo con el documental, el documental con el ensayo poético, el ensayo poético con declaraciones de amor inexplicables y todo ello en la boca de actores que no son actores sino que más bien parecen personas extraídas de cualquier banco de la calle Feria. Fue, además, un ejemplo del hoy llamado cine de bajo presupuesto (low-cost): “Prácticamente fue una película que se rodó en una tarde”.

Ese mismo año llegó Intercambio de parejas frente al mar, a la que le fue concedida la calificación S, absteniéndose los niños de verla. Y en 1982, Corridas de alegría, una road movie con destape de escenarios andaluces y Rocío y José, la que supuso en aquel momento su última película. El público seguía sin entenderle. Entonces Gonzalo se preguntó: ¿Para qué seguir haciendo cine? Y paró.

30 años después…

El 12 de noviembre de 2013, el diario Le Monde ponía apellido a Gonzalo García-Pelayo: phénix du cinéma ibérique, renâit de ses cendres. Y renació. Gonzalo García-Pelayo terminó el rodaje de Alegrías de Cádiz aquel mismo año, una película que, con el mismo esquema que Vivir en Sevilla, quería transmitir la idiosincracia del gaditano. “Durante los 30 años que pasé sin hacer cine Cádiz me influyó muchísimo. Me contagié de la inteligencia de las chirigotas, del estilo de vida de su gente, de su alegría. Cádiz me dio tanto que acabé haciendo esta película”. Alegrías de Cádiz mezcla la historia de un hombre que desea fervientemente a todas las mujeres que se cruzan en su camino con el ingenio del carnaval gaditano y las imágenes de sus calles, sus azoteas o sus playas. “Fue una película que tuvo cierta repercusión porque hubo buenas críticas como la de Jordi Costa en El País. Algunos amigos míos que se dedican también al cine me decían cómo era posible que me hubiese hecho una crítica tan buena cuando ellos llevaban años y nunca lo habían conseguido”. Precisamente las críticas que hacen los críticos se hacen para un público al que le gusta conocer de antemano las nuevas propuestas cinematográficas. Gonzalo entiende que su público es reducido: “Sé que tengo un público muy pequeño pero lo tengo. Es para esas personas, para mis amigos y para los críticos para los que hago mis películas. Si consigo llegar a más gente mejor pero no las voy buscando. Mi público es un público que va construyendo la película con sus propias cosas al mismo tiempo que la ve. Por ello, dejo que sea el público el que se acerque a mí”.

Cuando habla de sus producciones el director asume que: “Hay mucha libertad en ellas, pero a la vez hay densidad, se cuentan muchas cosas y si uno se deja llevar y las descubre todas se contagia”. Lo único que el cineasta rechaza a la hora de ver sus películas es el raciocinio. “Quien piense en argumentos lógicos conmigo se equivoca, a mí me gusta llegar por debajo de la cintura, que es donde reside el surrealismo”.

En Alegrías de Cádiz no solo está presente un estilo de vida y la forma de hablar de una ciudad de España radicalmente distinta al resto; está, además, su baluarte, el carnaval. Pasión explícita de García-Pelayo. “Cada vez que llega el Concurso de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz -entre enero y febrero- me lo tomo como vacaciones y me voy a ver el Concurso al teatro Falla. Allí me sumerjo absolutamente en las chirigotas, los cuartetos y los coros, me impregno de su gracia, de su inteligencia, de sus chistes; únicamente me voy a dar un paseo cuando canta una comparsa”. Entre sus autores favoritos el director destaca a Yuyu “que tiene una capacidad para hacerte reír desde el primer momento” y a Selu “al que me gusta escuchar más de una vez porque descubro cosas nuevas en sus gestos, sus movimientos, etc.”.

Al igual que en el Carnaval de Cádiz las agrupaciones se renuevan cada año, Gonzalo García-Pelayo ha aprovechado este regreso para seguir haciendo cine. El año pasado estrenó Niñas en Lisboa, una cinta en la que reflejaba la vida de las mujeres en diversas etapas pero enfocado principalmente en las discusiones y cuchicheos de las niñas y su manera de jugar. El cineasta asegura que al terminar la proyección “había madres que acababan llorando porque habían sentido la película”. Además, está en fase de post-producción de dos películas más que han surgido de una misma idea. “Próximamente presentaré Copla y Amo que te amen. Copla es una película que va precisamente de los temas que se hablan en la copla como la tragedia o en lo que se siente interpretando. Narrativamente sigue la senda de Vivir en Sevilla o Alegrías de Cádiz; a los seis minutos ya te he contado la historia, lo demás es acumulación de sensaciones”. De Copla surge además Amo que te amen, conformado como una especie de making-off. “Son imágenes que rodamos con los actores mientras que esperábamos para hacer Copla. En ella se encuentra la convivencia, el roce y la vida que hay tras Copla”.

Gonzalo García-Pelayo tenía la intención de rodar Copla el verano pasado, pero se vio obligado a retrasar la producción. “Entonces, los actores se quedaron desanimados por no poder rodar y comenzamos a grabar imágenes y surgió Amo que te amen”. Tan inesperado su regreso al cine como inesperada la aparición de películas que surgen de lo inesperado.

Prácticamente a ritmo de dos películas por año el mismo día que nos recibe en su casa para la entrevista, anuncia en Facebook la preparación de una nueva película sobre el grupo de rock andaluz Triana. “Entiendo que es una película que puede tener repercusión por la cantidad de seguidores que tiene el grupo. Aún es un proyecto que está en mi mente. Si encuentro a algún productor cuya idea me guste, me regiré por el proyecto que tenga y haré como en Manuela aportando mis ideas para mejorar la película. Si no encuentro a ningún productor tenía pensado que la película fuese contando una historia a través de las canciones del grupo”. Abierta la puerta a este nuevo proyecto, el director vuelve a sus raíces profesionales. Antes de internarse en el cine era uno de los grandes productores musicales del país. Su ojo y su astucia no sólo lanzaron los éxitos de Triana, sino de artistas tan reconocidos como Carlos Cano, María Jiménez, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez o Luis Pastor.

Antes de ser productor musical, Gonzalo García-Pelayo nació, y lo hizo en Madrid un 25 de junio de 1947, donde aún reside. En realidad, su familia procede de Jerez de la Frontera. Aún así, él dice sentirse de dónde lo siente. “Cuando estoy en Sevilla, me siento sevillano y cuando estoy en Cádiz, me siento gaditano”. Tan gaditano que de vez en cuando se apropia incluso del lenguaje. En una entrevista de las tantas que ha concedido comentó que cuando los actores lo hacían un poco peor le gustaba incluso más. “Sé que a veces cuando digo estas cosas a los actores no les sienta bien porque ellos quieren que les diga lo bien que lo han hecho pero a mí lo que realmente me gustan son las personas, no como interpretan. Me gusta cómo son, cómo se expresan, cómo hablan y eso es lo que quiero ver en la pantalla”. Gonzalo hace tiempo que tomó la Nacional-IV para escapar de la dirección de actores: “Yo no los dirijo. Tengo a un par de ayudantes que son los que les dan las instrucciones. No me preocupa cómo actúen. Solamente les pido que se sepan el texto y lo reciten. La interpretación dejo que la realicen cómo ellos vean”.

Esto trae como consecuencia que sus personajes se ajusten a arquetipos de argumentos clásicos como el amor en Romeo y Julieta. “No busco en mis películas ni psicología ni sociología. No hay nada de eso detrás de los personajes. A veces me han acusado de que no trato ciertas problemáticas sociales, pero es que ese no es mi cine. Yo busco más las pasiones elementales del ser humano”.

Cuando se hablan de pasiones, se tiene que hablar necesariamente de ruletas, casinos, apuestas, loterías o quinielas si es Gonzalo García-Pelayo el entrevistado. En la década de los noventa el cineasta se hizo famoso mundialmente por inventar un sistema que detectaba fallos de fabricación en las máquinas de ruleta. Con él se hizo multimillonario en casinos de todo el mundo. En la actualidad siguió ese camino desarrollando sistemas para reducir la probabilidad en apuestas deportivas y ha fundado junto a sus hijos un club para ayudar a la gente a acertar con más facilidad denominado Los Pelayos Club. Por ello, aunque él crea que sí, no parece casualidad que su casa esté rodeada de salones de juegos y una casa de Loterías y Apuestas del Estado, en la que afirma “haber ganado premios fuertes jugando a la quiniela”. No siempre la ruleta de la vida se muestra dispuesta a volver a ponerse en juego 30 años después de haberse parado. Será por ello que ahora no puede dejar de hacer películas. La vida, tan misteriosa ella, volvió a darle alegrías a García-Pelayo. Alegrías.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s