A los perros gaditanos se les acaba la arena


Perfil Diego PereiraDIEGO PEREIRA @PereiraGlez /// Una mordedura canina en la playa de la Concha en San Sebastián el fin de semana pasado está levantando un debate sobre la inclusión de los perros en las playas españolas. Las ordenanzas municipales reflejan que en Cádiz, aun con correa, los perros tienen absolutamente prohibido pasear por la playa. Pero eso no supone ningún freno para centenas de ciudadanos que cada semana lanzan sus perros a la arena sin tener en cuenta que pueden llegar a pagar una multa de hasta 600 euros.

El domingo pasado Edu Gómez, un ciudadano de San Sebastián, conseguía que el único vídeo que había subido desde su cuenta en el portal Youtube a la red se convirtiera en todo un fenómeno viral. En él, un perro suelto muerde a un hombre en una playa de San Sebastián ante el desespero de las personas que intentaban controlar al perro para que dejase de machacar al hombre. La reacción no se ha hecho esperar después de que Antena 3 lo difundiera en sus informativos.

Con la opinión enfrentada, los comentarios en el propio vídeo indican la polarización entre las personas que argumentan que tienen derecho a pasear tranquilas por la playa sin ser molestadas por los perros de los demás o aquellas que entienden que el perro estaba jugando y que el comportamiento de las personas allí presentes no fue el adecuado.

Parece algo contrastado el hecho de que la playa en invierno se convierte en un jardín para perros. Así, al menos, es cómo muchos dueños de los animales lo entienden. Pero en Cádiz las ordenanzas municipales advierten que esa no es la realidad. El Ayuntamiento de Cádiz en la Ordenanza Municipal de Uso y Disfrute de las Playas de la Ciudad de Cádiz publicada en el Boletín Oficial de la Provincia el 17 de septiembre de 2009 refleja en su capítulo VI, denominado De la Permanencia de Animales en las Playas, que “se prohíbe la presencia y permanencia de cualquier tipo de animal doméstico en la playa durante todo el año, la infracción de este artículo llevará aparejada la correspondiente sanción, la persona que infrinja esta normativa estará obligada a la inmediata retirada del animal”. El único caso en el que está permitida la entrada de animales domésticos en las playas se refleja en el siguiente punto donde se afirma que “se permite la presencia de perros destinados a salvamento o auxilio, cuando las circunstancias así lo aconsejen y perros lazarillos en compañía de la persona a quien sirva,  sin perjuicio de la responsabilidad de su poseedor/a y/o propietario/a ni de las medidas que el mismo deba adoptar para evitar molestias o riesgos para el resto de usuarios/as.”

Pero a pesar de esta normativa, no es extraño encontrar cientos de perros corriendo por el litoral gaditano en invierno o a primeras horas de la mañana en verano. Así, cientos de personas se exponen a una multa por el desconocimiento de una ordenanza municipal que no exime de su cumplimiento. En los comentarios del vídeo de youtube, que antes de publicar este artículo se acercaba al medio millón de visionados, hay una confrontación evidente entre los que defienden que la libertad de una persona de llevar a un perro suelto termina precisamente en el momento en el que hay otras personas en ese mismo espacio y los que argumentan, según su conocimiento en la cuestión canina, que el perro solo estaba jugando.

Más allá de lo que el perro pudiera ocasionar, el dueño del mismo incumpliría más normas estipuladas en una ordenanza de tenencia de animales del Ayuntamiento de Cádiz publicada en el Boletín Oficial de la Provincia el 6 de junio de 2002. En su capítulo 1, artículo 7 se afirma que “los dueños y poseedores de animales que por su naturaleza puedan ocasionar daños o molestias a personas ajenas, serán los responsables de la conducta del animal en condiciones normales y tendrán la obligación de tomar cuantas medidas preventivas sean ordenadas o se consideren necesarias o convenientes para la evitación de aquellos”. Asimismo, para evitar males de mayor consideración, en el artículo 21, punto 2 la ordenanza entiende que “los animales de la especie canina potencialmente peligrosos, en lugares y espacios públicos, deberán llevar obligatoriamente bozal apropiado para la tipología racial de cada animal”. Además, el punto 3 sigue la prohibición al considerar que “igualmente los perros potencialmente peligrosos, en lugares y espacios públicos, deberán ser conducidos y controlados con cadena o correa no extensible de menos de 2 metros, sin que pueda llevarse más de uno de estos perros por persona; no pudiendo ser conducidos estos perros por menores de edad”.

Una mañana de domingo invernal en la playa de la Caleta los perros pasean a sus anchas. / Diego Pereira
Una mañana de domingo invernal en la playa de la Caleta los perros pasean a sus anchas. / Diego Pereira

Más evidente aún es el artículo 32 de la citada ordenanza respecto a cómo deben andar los perros por el espacio público: “Será obligatoria la utilización de cadena o correa. Cuando las circunstancias así lo aconsejen puede ser ordenado por la autoridad municipal el uso obligatorio del bozal”. Las sanciones establecidas en esta ordenanza afirman que la permanencia o entrada de animales en piscinas públicas y playas, la circulación en la vía pública de perros que no vayan provistos de correa o cadena y collar o el hallarse el perro potencialmente peligroso en lugares públicos sin bozal o no sujeto con cadena suponen una infracción grave que podrá ser sancionada con multa de hasta 601,01 euros.

La solución para evitar las multas a aquellos dueños que exigen que sus perros necesitan un espacio para el esparcimiento está para el Ayuntamiento de Cádiz en dos parques caninos situados en extramuros. La primera de ellas fue el parque canino situado en los jardines de Varela. En concreto, es la zona sur del parque la que se encuentra vallada para que los perros puedan pasear allí libremente con sus dueños. La otra, inaugurada en septiembre del pasado año, se encuentra en el foso de las Puertas de Tierra, al lado del acceso a la estación de tren y que cuenta con una extensión de 1.217 metros cuadrados.

En cambio, unos kilómetros al este, en la ciudad de Málaga la ordenanza municipal referida a las playas específica que “queda prohibido el acceso de animales domésticos a las aguas y zonas de baño, con excepción del que resulte preciso para el desarrollo de actividades debidamente autorizadas por la autoridad sanitaria competente”. En este caso, los perros sí podrían entrar a las playas junto a sus dueños, pues Málaga diferencia entre playas, zonas de baño y aguas de baño, siendo simplemente en estas dos últimas donde los animales no podrían entrar.

Como la potestad la tiene cada Ayuntamiento, la abrumadora cantidad de localidades con zonas de playa hace que en España haya mil y una ordenanzas diferentes y puede que kilómetro arriba, kilómetro abajo los perros puedan estar fuera o dentro de la playa.

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