Pregonero Cantinflas: la operación


DIEGO PEREIRA @PereiraGlez // En febrero de 1985, la cantante de copla española, nacida en Chipiona, Rocío Jurado, acaba de terminar el pregón del Carnaval de Cádiz. Después de tantos hombres, pasará a la historia por ser la primera mujer en la que ha recaído tal honor. Se había vestido de piconera, de tono rosa y blanco, y simulado que unos franceses de los que querían invadir la ciudad de Cádiz allá por 1812 la atrapaban para ajusticiarla en la plaza de San Antonio. Su último deseo, ver al pueblo de Cádiz antes de morir. Cuando la fábula y la algarabía del pregón que acababa de pronunciar Rocío Jurado se disipó, Manuel González Piñero, concejal de Cultura y Fiestas del Ayuntamiento de Cádiz y Antonio Cabrera, director gerente de la Fundación Gaditana del Carnaval, comenzaron a pensar en la figura del próximo pregonero. Rocío Jurado ya, por aquellos tiempos, era una cantante de fama mundial, al menos en lo que a la lengua hispana se refiere, y quedó tan encantada con poder ejercer de pregonera que prometió a Manuel y a Antonio ayuda por si la necesitaban a la hora de contactar con la persona que estaban pensando para ser el pregonero de los carnavales de Cádiz de 1986.

Antonio le comentó que sí, que Rocío podría ser de ayuda, porque estaban pensando en la figura de Mario Moreno, el actor mexicano mundialmente reconocido por su papel de Cantinflas, para el pregón del próximo carnaval. La explicación a esta decisión se halla en qué desde la Fundación Gaditana del Carnaval con la elección de Cantinflas se haría un homenaje al disfraz, al ser el actor mexicano la persona que más veces se había disfrazado con diferentes atuendos. Rocío no dudó: “Voy para Miami a hacer una gira y seguramente me encontraré con él”. Días más tarde, Rocío le comentaba a Antonio: “he hablado con él y está encantado”.

Muñeco de Cantinflas / Extraída de la página de Silvia G en Flickr. Licencia CC.
Muñeco de Cantinflas / Extraída de la página de Silvia G en Flickr. Licencia CC.

A partir de ahí, Manuel y Antonio comenzaron a contactar de forma directa con Cantinflas. Desde el primer minuto, mostró una satisfacción personal enorme por la invitación. Don Mario, ya retirado del mundo profesional -hacía como veinte años que no se ponía el disfraz de Cantinflas- accedió a la invitación del Ayuntamiento gaditano. Para él, Cádiz no le era ajeno, su desconocimiento desaparecía en cuanto hablaba de la familia Domecq, criadores de ganado y toros de lidia, amigos personales de Don Mario, por la estrecha vinculación que les unía al mundo taurino -Don Mario era un gran seguidor-. De vez en cuando, Don Mario se escapaba a la provincia de Cádiz, se alojaba con los Domecq -que poseían ganaderías en México- y fantaseaba con la crianza de estos animales. Así, Cádiz solo le quedaba a cuarenta minutos.

Pero sucedió lo inesperado. El 19 de septiembre de 1985, México sufre el terremoto más trágico de su historia. Los datos desvelados años después del recuento de fallecidos arrojarían cifras escalofriantes: más de 10.000 muertos por la catástrofe natural. Junto a las muertes, el terremoto provoca que la Fundación Gaditana del Carnaval pierda la comunicación con Mario Moreno. La incertidumbre se apoderó de sus representantes que no conseguían dar con el actor mexicano. El tiempo avanzaba y Mario Moreno seguía sin dar señales de vida al mismo tiempo que a la Fundación le seguía siendo imposible comunicar con él. A Antonio Cabrera le llegaron a comentar que quizá lo mejor a estas alturas sería cambiar de pregonero. Antonio se negó. Tenía claro que eso sería una falta de respeto por parte del consistorio gaditano.

Un buen día, cuando aún persistía la incertidumbre por la incomunicación con Mario Moreno, a Antonio Cabrera le comentan que quizá el Ministerio de Asuntos Exteriores podría ayudar a localizar a Don Mario. Cuando Antonio Cabrera llama al Ministerio, éste le traspasa con la Oficina de Asuntos Consulares. La persona al otro lado de la línea responde al nombre de Inocencio Arias, el diplomático famoso por su enorme pajarita, que en aquel momento era portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores. “Empezamos a buscar”, fue la respuesta del diplomático a la solicitud de Antonio Cabrera. “Es más”, dijo, “Si usted encuentra algún dato de él, o algo por donde tirar coméntenos, que nosotros nos ponemos en contacto con él”, respondió el diplomático. Pero había algo más. “Sabe usted”, comenta Inocencio Arias, “mi primo es la persona que tiene una tienda de lotería en la plaza de San Juan de Dios”.

El 2 de octubre de 1985, dos semanas después de haber perdido la comunicación con Mario Moreno, el actor norteamericano Rock Hudson fallece víctima del SIDA. Las imágenes del entierro llegan a la televisión española en los siguientes días. Antonio Cabrera, sentado en el sofá del salón de su casa, observa la televisión. De pronto, las imágenes del entierro de Rock Hudson llaman su atención. En la pantalla , como si brillara más que todos los demás asistentes al funeral, Mario Moreno volvía de nuevo a aparecer ante los ojos de Antonio Cabrera.

En cuánto pudo conectó con Inocencio Arias: “En seguida nos ponemos en contacto con él”. Bueno, en realidad, el contacto lo hicieron con la embajada española de Estados Unidos, que se encargó de buscar a Cantinflas al estar éste en el país norteamericano por el entierro de Rock Hudson. Antonio se fue directamente para la calle Isabel la Católica donde se encontraba la antigua sede de la delegación de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz, pues el teléfono de contacto que él había dado a al Ministerio de Asuntos Exteriores era el de esta sede. Desde allí, el cónsul en Estados Unidos le pasó con Mario Moreno. La comunicación volvía a reanudarse. En diciembre de ese mismo año, Manuel González Piñero y Antonio Cabrera acuerdan con Mario Moreno encontrarse en el Festival de Cine Americano que tendría lugar en Huelva. Don Mario atiende a la Delegación gaditana estupendamente e incluso les comenta: “si yo ya tengo el pregón escrito”.

Cantinflas bajando del avión en uno de sus interminables vuelos / Extraída de la página en Flickr de Iberia Airlines. Licencia CC
Cantinflas bajando del avión en uno de sus interminables vuelos / Extraída de la página en Flickr de Iberia Airlines. Licencia CC

Y así fue. Con 73 años, el sábado 8 de febrero de 1986, Mario Moreno, alias Cantinflas, se dirigía al público gaditano congregado en la plaza de San Antonio, como recoge ABC de Sevilla al día siguiente. En realidad, el pregón tendría que haber sido realizado el día anterior, cuando Mario Moreno, en coche de caballos se dirigía a la plaza de San Antonio para ese fin, pero la inmensa lluvia que caía sobre Cádiz hizo que el acto inicial de los carnavales se emplazara al día siguiente. Un periodista mexicano presente comentó a la delegación de fiestas: “A Don Mario no le gusta la lluvia, nada, ni que le caiga una sola gota”. Al llegar a la Cuesta de las Calesas, una mujer mayor, se acerca decidida al coche de caballos: “Toma, para que no te mojes, que te vas a poner chorreando”. Mario Moreno se lo agradece, coge el paraguas negro adornado con lunares blancos, lo abre, cubre su cabeza y deja que el coche de caballos avance hacia San Antonio.

Mario Moreno se acostó visiblemente afectado por la lluvia y a la mañana siguiente la fiebre fue a recordarle ¿por qué diablos aceptaría él la solicitud de ser pregonero del Carnaval de Cádiz con la que estaba cayendo? Aún así, veinte años después, se volvió a vestir de Cantinflas; no sin antes, aún en la cama, tomarse varias tazas de leche con aspirinas y brandy Fundador para contrarrestar el resfriado y la fiebre que le aturdía aquella mañana. Con ello y unas palabras de motivación de Carlos Díaz, alcalde de Cádiz, Mario Moreno cogió su cuerpo y se levantó de la cama, mientras repasaba los últimos detalles de su pregón.

Para Antonio Cabrera la elección de Cantinflas suponía otorgar al Carnaval de Cádiz una repercusión de ámbito internacional con un personaje de una relevancia mundial extraordinaria. Aunque fuera el pregonero que tendría que hacerse más kilómetros para llegar hasta Cádiz, los patrocinios ayudaron a costear las partidas importantes del viaje. Iberia costeó el viaje de Mario Moreno en primera clase una vez que éste accediese a salir en la portada del próximo número de la revista oficial de Iberia, Rumbo. En Cádiz, los pregoneros solían alojarse en el Hotel Atlántico, haciéndose Paradores, la empresa dueña del hotel, cargo del gasto de la estancia.

Cuando finalizaba el pregón, el alcalde de Cádiz en aquel momento, Carlos Díaz, subió a dar las gracias a Mario Moreno por venir a Cádiz y aceptar la invitación de ser pregonero. Ambos ironizaron con la lluvia y Cantinflas, con suma elegancia, se despidió de los gaditanos: “Si los gaditanos se están mojando por verme, ¿por qué no me voy a mojar yo? El pregón finaliza. Ya en la calle, Mario Moreno se dirige a Antonio Cabrera: “quiero devolverle el paraguas a la señora”. “Pero… Y yo qué sé quién es esa señora”, pensaría Antonio. Sobre las cinco de la tarde, ya localizada la mujer, Mario Moreno se adentra en el barrio de Santa María. Cerca de la iglesia de la Merced, la misma señora que la tarde anterior le había regalado el paraguas observa estupefacta ahora que al final solo se lo había prestado. Don Mario le da las gracias y junto al comité que iba con él comienza a despedirse de Cádiz.

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